Singapur

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Adios Indonesia

Un conductor concertado con la recepción del hotel nos llevó hasta el nuevo aeropuerto de Lombok por 275.000 rupias (17€). Creo que era un poco caro, pero por no ir a negociar fuera del hotel pagamos de más por la tranquilidad.

El viaje lleva algo más de una hora y pasa por las afueras de Mataram, capital de Lombok. Esta ciudad se ve muy poblada y con el mismo barullo que habíamos dejado atrás en Kuta por lo que parece poco atractiva. Al llegar al aeropuerto el taxista usó el viejo truco de “no tengo cambio” y finalmente se quedó con las 300.000 redondas (18€). Hasta los mismísimos…

Cogimos un vuelo directo a Singapur con Silk Air, la filial de Singapore Airlines por 150€ que tardó 2 horas y media. Había alguna combinación vía Jakarta más barata pero no merecía la pena la paliza adicional.

Esta aerolínea corresponde a su fama y nos trataron muy bien incluso con comida incluída en el trayecto. Como anécdota, nos “saltaron” el turno cuando ponían la comida y allí nos quedamos con cara de lelos como Carpanta. Llamamos a la azafata y enseguida nos trajeron la comida con infinidad de disculpas.

Singapur

Llegamos al grande y moderno aeropuerto de la ciudad-isla-estado de Singapur. Pasamos rápidamente el control de pasaportes para hallarnos en un inmenso centro comercial. Buscamos infructuosamente algún sitio para cambiar los ringgit malayos que aun nos quedaban y tras patearnos media terminal descubrimos un sitio donde nos dieron unos 37 dólares singapurenses.

Con parte de ellos pagamos el billete del metro que conecta el aeropuerto con toda la ciudad. El precio billete depende del trayecto y en este caso eran unos 2,8 dólares (1,8€). La primera parte del trayecto transcurre sobre superficie y permite tener una primera visión de Singapur. Muchos edificios residenciales y se nota a simple vista mucho mayor nivel de vida que en Indonesia. No en vano Singapur tiene una de las rentas per cápita más altas del mundo.

El hotel

La primera impresión al salir del metro fue la de calor asfixiante. Era mediodía y debía de hacer cerca de 40º con una alta humedad. Se hacía difícil estar en la calle, pero había que seguir caminando los 10 minutos que separaban la parada del metro del hotel.

En Singapur los precios de los hoteles son muy altos. Es difícil encontrar algo por menos de 120€ y relativamente céntrico.

Nuestro hotel era el Frangance Hotel Riverside, muy céntrico y con una pequeña piscina en la azotea (81€). La habitación era bastante moderna aunque… minúscula. Apenas había espacio a los lados de la cama para pasar. No lo recomendaría para estar varios días, pero para una o dos noches estaba muy bien en relación al precio.

Lo mejor la ubicación ya que se puede llegar caminando fácilmente a Marina Bay, a Chinatown o a Clarks Quay. Además hay 3 paradas de metro a menos de 10 minutos caminando.

Marina Bay

Tras refrescar un rato debajo del aire acondicionado salimos a conocer la ciudad. Cruzamos el río hacia la zona colonial donde están el parlamento y los edificios más antiguos de la ciudad, que datan de 1830 aproximadamente. Están impecablemente cuidados y restaurados en pintura blanca, y es que por esas fechas se celebraba el 60 aniversario de la independencia y la ciudad estaba de punta en blanco.

Siguiendo por la orilla del río cruzamos bajo un puente y llegamos a uno de los iconos de Singapur que es un león que representa la ciudad. En realidad la estatua no es grande pero lo mejor es el marco en el que está situada: la bahía de Singapur rodeada de grandes rascacielos y al fondo el impresionante hotel Marina Bay Sands.

Seguimos caminando por la orilla de la bahía en dirección a este hotel, pasando por una explanada por donde pasa el circuito de Fórmula 1 antes de cruzar por un curioso puente helicoidal que representa el ADN humano. Aprovechamos el camino para sacar un montón de fotos de toda la bahía.

Marina Bay Sands

El complejo del hotel Marina Bay Sands es impresionante. Sus 3 torres sustentan una plataforma con una piscina infinita con vistas a la bahía. Pero no solo eso, en sus bajos hay un enorme centro comercial con un montón de restaurantes de todos los gustos y categorías y un también enorme casino. Hay que decir que el alojamiento es caro pero no especialmente caro si lo comparamos con los precios en otros hoteles más “normales”. En estas fechas una habitación costaba unos 250€.

La piscina solo es accesible para los que se alojan en el hotel. No obstante se puede subir a un mirador que hay en el penúltimo piso (S$25 aprox. 16€). Pero es mejor aun subir al bar del último piso (entrada gratuita) y disfrutar de las vistas mientras se toma un cóctel (S$24). ¡¡Chollazo!! Hay que comentar que al lado hay un bar mirador más exclusivo al que solo se permite acceder con vestimenta de etiqueta.

Arriba las vistas son impresionantes y se puede ver todos los rascacielos de la bahía. Más impresionante aún si coincide al atardecer viendo encenderse todas las luces de la ciudad. Ojo, a las 8 echan del bar a todos los que no vayan de correcta etiqueta.

Curiosamente desde este bar se puede cotillear la piscina de la azotea que estaba más llena que la playa de Benidorm en pleno agosto. Me alegré de no haber pagado por alojarme allí ya que la piscina será todo lo espectacular que quieran, pero de exclusiva no tiene nada.

Bajamos del cielo de Singapur para ver un espectáculo de fuentes de agua que tiene lugar justo delante del Marina Bay todos los días a las 8 de la tarde. No nos pareció muy atractivo así que puede ser una visita prescindible.

Rodeando Marina Bay

Seguimos caminando rodeando Marina Bay. Es un bonito paseo con zonas de sombra para el asfixiante calor del mediodía. Debajo de estas sombras al atardecer se juntan grupos de gente para hacer yoga, aerobic y otras actividades. Aun siendo el atardecer aun hacía mucho calor ¡¡vaya ganas!!

Tomamos un par de cócteles en una terraza de un restaurante italiano al pie de la bahía. Como ya decía, Singapur es caro y nos cobraron S$35 (24€) por ambos.

Justo enfrente del Marina Bay Sands se encuentra el hotel Fullerton, uno de los más lujosos de Singapur. El edificio de la época colonial es muy señorial. Como curiosidad hay un paso subterráneo bajo la avenida que te mete directamente en el hotel pudiendo visitar alguno de los salones de recepción. Aunque me temo que camisetas y chanclas no es el atuendo más apropiado a tan regio hotel 🙂

Los quays

A lo largo del río que desemboca en la bahía han recuperado los antiguos almacenes de los muelles que ahora funcionan como bares y restaurantes. Allí se junta mucha gente tras el trabajo convirtiendo los Quays en zonas muy animadas.

Hay restaurantes de todo tipo, muchos de ellos ofrecen marisco a granel con una pinta muy poco atractiva. Finalmente cenamos en un hindú llamado Maharajah que estuvo bastante correcto sin ser tampoco para recordar (S$96 aprox. 62€).

Chinatown

Al día siguiente fuimos a pie desde el hotel hasta la famosa Chinatown. Es un barrio con unas cuantas calles que son todas ellas mercadillo de todo tipo de ropa, cacharros y souvenirs.

Como lugar visitable hay una enorme pagoda budista, el Templo de la Reliquia del Diente de Buda. El interior tiene varias plantas. En la inferior había un constante canto budista que resonaba por todo el edificio. Las diversas plantas eran todas muy lujosas con numerosas decoraciones de oro.

Para financiarse parece que esta iglesia vive de donaciones y de vender mausoleos a las familias. A mayor tamaño, más caros. En las paredes estaban expuestos los precios sin ningún pudor, y los más grandes costaban más de S$30.000 al año (unos 20.000€). Y había unos cuantos de ellos. Así normal que el oro luciese por doquier.

Volviendo a Chinatown cerca del templo hay un edificio que es un food market consistente en un montón de puestos de comida y unas mesas en el patio central de tal manera que cada uno compra la comida donde quiera y la gente se sienta toda junta. Este food market de Chinatown era quizá demasiado para locales y a priori no inspiraba confianza. En todo caso apetecía más estar en la calle.

Fuimos a la calle de comida de Chinatown. Allí había un montón de restaurantes con terraza y en medio de la calle un montón de puestos con mesas en plan food market. La comida lógicamente era china y según el puesto tenía pinta más o menos apetecible.

Comimos en uno al azar que nos dió buena pinta, el Hunan Cuisine. Al sentarnos nos dieron la carta con apenas el nombre del plato en inglés, así que nos guiamos por las fotos. Están especializados en la cocina de esta provincia china donde nació Mao Zedong, cuyas fotos decoran todo el local.

La comida nos sorprendió en cuanto a sabores, que eran los típioos de la comida china pero con un toque mucho más picante que nos gustó mucho. La cuenta venía en un ticket en perfecto chino y nos salió por S$76 (unos 50€).

Y ya sin apenas tiempo para más gastamos los últimos dólares en souvenirs y con gran pena fuimos al hotel a recoger las maletas para dirigirnos al aeropuerto.

Casi llorando por el fin del viaje nos subimos en el A380 de British Airways que nos llevaría a Londres, donde enlazamos hacia Madrid y finalmente a casa.

Senggigi (Lombok)

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Hotelazo en Senggigi

Tras la odisea con los timadores del puerto de Bangsal llegamos al hotel. Habíamos reservado por hoteles.com el Kila Senggigi Beach, un hotel resort que ocupa todo un cabo de la playa de Senggigi.

Senggigi es la zona quizá más turística de Lombok, con varias playas muy grandes de fina arena y muchas palmeras. También hay muchos hoteles que salpican toda la orilla, aunque generalmente están bastante bien integrados con el entorno.

El hotel Kali Senggigi Beach (aprox. 50€) ocupa una península en la bahía de Senggigi. Es un resort con unos cuantos bungalows privados y varios edificios de habitaciones, todo perfectamente integrado en unos grandes jardines. Cerca de la playa tenía unos bungalows de planta baja entre palmeras y más hacia el interior unos edificios de habitaciones de dos alturas, también entre jardines de flores y palmeras. Por supuesto tiene su zona de playa que si bien no es del todo privada está limitado el acceso de los vendedores ambulantes por lo que no se hacen excesivamente pesados. Además hay una gran piscina aunque apenas la usamos ya que preferimos la playa. Un lugar idílico, aunque fuese evidentemente turista.

La playa está orientada hacia el atardecer lo que hace ideal tumbarse en las hamacas y aprovechar la happy hour desde las 5 para tomarse unos cócteles viendo como el sol se pone en el horizonte detrás del siempre presente monte Agung. Todo ello amenizado por un buen grupo musical que tocaba en directo grandes temas del pop.

Las habitaciones están correctamente cuidadas aunque la decoración es un tanto anticuada. Desafortunadamente nos tocó la habitación en el edificio más alejado de la playa, lo que nos hacía caminar casi 10 minutos hasta la arena.

Cenamos una noche en el hotel ya que hacían una barbacoa en la playa. El plato costaba 150.000 rupias (9€) y sorprendentemente no estaba “carbonizado” como en la mayoría de barbacoas que habíamos probado en otros sitios. Tanto las gambas como la carne estaba en su punto. Sin ser una cena excelente, estuvo bastante bien y lo mejor sin duda fue estar comiendo en la misma playa con una temperatura ideal acompañados por la orquesta que nos amenizó la velada a nosotros… y a un grupo de chinos para los que tocaron un puñado de temas populares de su país que corearon alborozados. ¡De lo más curioso! 🙂

Hotel recomendado para una estancia de relax y disfrutar de una playa tropical.

El día de nuestra llegada nos obsequió con un maravilloso atardecer, incluso mejor que el que tuvimos en Gili, y eso es mucho decir. Además nos acompañó un grupo en directo que tocaba temas del pop y rock clásicos… ¡incluso tocaron el Sultans of Swing! Inolvidable.

Al día siguiente relax en la playa durante toooooodo el día. Tiempo inmejorable y una magnífica playa de aguas cristalinas en la que nos bañamos incontables veces. Nos ofrecieron máscaras y equipo para hacer snorkel por la bahía pero estábamos en modo totalmente vago y nos conformamos con unos chapoteos cerca de la orilla.

Nos arreglamos y salimos del hotel para ver los alrededores. En la carretera principal hay unas cuantas tiendas y hostales de mochileros. Cerca está el Senggigi Art Market que es un mercadillo con muchos puestos donde se vende todo tipo de artesanía y ropa a precios baratos aunque para conseguirlos hay que regatear mucho. No está mal el lugar aunque tampoco vimos nada distinto a otros mercadillos de Indonesia.

Siguiendo por la playa de Senggigi paramos a tomar un cóctel en un bar al lado de la playa antes de ir al restaurante elegido para cenar que era el Lotus Bayview. Estábamos casi solos en el restaurante, la cena estuvo bastante bien. No había mucho más que hacer por los alrededores así que dimos un paseo de vuelta por la playa hasta el hotel.

El siguiente día era nuestro último día completo en Indonesia así que decidimos dedicarnos nuevamente al relax y pasar el día en la playa.

Cenamos en el restaurante de playa del hotel Sheraton, decorado con mucho gusto con unos faroles que hacían un ambiente muy romántico y un grupo musical que acompañó perfectamente la cena y que incluso nos hizo un guiño al cantar en casi perfecto español una canción de Maná 😛

Lo mejor de la noche fue cuando de repente salió del mar una tortuga que fue adentrándose en la playa y cuando vió un sitio que le gustaba empezó a excavar con las patas para poner sus huevos. ¡Alucinante! Una ocasión muy especial e inesperada de contemplar este espectáculo. Por supuesto casi todos los comensales dejamos nuestros platos y fuimos a ver a la tortuga.

Al final la cuenta salió por unos 300.000 rupias (18 €). El espectáculo de la tortuga fue un inesperado plus.

Los timadores de Lombok

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En barco de Gili a Lombok

Hay un corto viaje de unos 30 minutos en barco desde Gili Trawangan hasta el puerto de Bengsal, al norte de Lombok. Hay muchas agencias en Gili que te venden el ticket combinado de barco más transporte al hotel elegido por entre 75 y 100.000 rupias (4-6€). El transporte va en barco público, cuyo billete por separado cuesta tan solo 15.000 rupias. Este billete se puede comprar en el embarcadero público situado en la playa, aunque no incluye el transfer desde Bengsal a tu destino en Lombok. Ojo, el embarcadero no está donde los pantalanes -de hecho no hay pantalán- sino algo más al norte.

La hora de partida eran las 3 de la tarde aunque como teníamos que cruzar la isla en cidomo y luego buscar el embarcadero salimos con mucho tiempo así que a las 12:30 estábamos allí. Esto nos permitió finalmente coger el barco de la 1.

El barco tenía salvavidas suficientes y salió en cuanto todos los asientos estuvieron ocupados por lo que no había sobrecarga. Con las frecuentes noticias de naufragios en estos mares siempre hay que tener un ojo extra sobre la seguridad aunque este día el mar estaba muy tranquilo y el barco parecía suficientemente bueno.

Los serviciales maleteros

La odisea comenzó al llegar a Bengsal. Un barullo humano nos recibió. Entre la confusión un hábil señor (digo señor porque parecía bastante mayor) se subió al barco de dos brincos y nos cogió las maletas y se las pasó rápidamente a unos porteadores que había esperando en el agua. No hubo tiempo ni a pestañear. Los porteadores se escaparon por la playa y los seguí lo más rápido que pude. Al final tuve que soltar 5.000 rupias a uno y otras tantas a otro por el “servicio”. Un tercero también reclamaba pasta, así que cogí las maletas que habían dejado sueltas los primeros, le dije “enough” y salí corriendo de allí. Afortunadamente ya nos dejaron en paz.

Los listillos del transporte

Mientras tanto la señora Pululante estaba buscando quien se hiciera cargo de los vales del transfer para el transporte desde este barullero puerto al hotel. Finalmente encontró a unos que dijeron que ellos se encargaban de llevarnos en autobús o furgoneta.

Nos llevaron a su “sede” que era una oficinilla al lado de un bar. Allí nos empezó a contar que habíamos llegado temprano (eran casi las 3 de la tarde), que no salían hasta las 4 que llegaban los otros pasajeros. Eso sí, se ofreció a llevarnos inmediatamente por ¡¡sólo 400.000 rupias cada uno!! (unos 27€). Por supuesto nos negamos. A continuación quiso negociar el traslado al aeropuerto. Nos llevaba al hotel inmediatamente y nos vendía el transporte al aeropuerto por el módico precio de 450.000 rupias cada uno… ¡¡un chollazo!! También nos negamos así que tras varias discusiones y regateos nos dijo que si no queríamos pues que esperásemos.

Mientras esperábamos en el bar (donde no consumimos nada, cabreados como estábamos con este jeta) volvió un par de veces rebajando el precio… 250.000 por cabeza, 200.000 en total… como ya quedaba poco para la hora acordada pues también rechazamos.

Llegó el siguiente barco al puerto, pero allí no aparecieron más clientes así que ya nos temimos un nuevo lío con el transporte. Efectivamente nos dijo que llevarnos a nosotros solos no le salía a cuenta y que tendría que esperar al siguiente barco. Le dijimos que de ninguna manera, que ese no era nuestro problema y que se comprometió a llevarnos a esa hora. Habíamos esperado y queríamos nuestro transporte. Al final intentó sacar 50.000 rupias por el transporte pero tampoco aceptamos. Finalmente se dió por vencido y envió a alguien a llevarnos. ¡¡Victoria!!

Y lo mejor, salimos de aquel agujero donde desde luego no tendríamos ninguna protección en caso de timo u otro tipo de lío.

Este taxista también nos intentó vender excursiones por la isla. Mostré interés para que pensara que nos interesaba y evitar alguna otra jugarreta, pero por supuesto no les llamamos.

Reducto de paz en el hotel

Y al fin llegamos al hotel sobre las 4 y pico de la tarde. Habíamos leído varias historias de timos en Lombok, que te hacen una encerrona hasta que aflojas la pasta. También habíamos leído multitud de opiniones positivas destacando que era una isla aun poco explotada turísticamente.

De todas formas la experiencia de esta travesía, que se suponía breve pero finalmente duró casi todo el día, nos cansó muchísimo y nos dió muchísima pereza tan solo pensar en reanudar estas peleas al día siguiente.

Afortunadamente llegamos a tiempo de ver un maravilloso atardecer desde la playa del hotel ¡y con happy hour! Así que visto que nos gustó mucho el hotel (ver el siguiente capítulo) decidimos quedarnos allí a descansar.

Las Gili

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Llegada a Gili Trawangan
Como decíamos el barco desde Bali nos dejó en la playa. En las islas Gili está prohibido el tráfico tanto de coches como de motos, por lo que los únicos medios de transporte son la bicicleta y unos carros tirados por caballos llamdos cidomo.

Gili Trawangan (o Gili T como dicen allí) es la más grande de las tres islas Gili. Aun así tan solo mide unos 4 km de largo y 3 km de ancho, lo que la hace muy fácil de recorrer en bicicleta.

El “puerto” está situado en la costa este y el hotel elegido en la costa oeste lo que nos obligaba a buscar un cidomo para llevarnos a nosotros y nuestro equipaje. Nada más salir del barco había uno esperando que nos pidió 75.000 rupias (unos 4,5€) por ir. No quiso regatear y como era el primero al que preguntábamos decidimos buscar otro caminando por el pueblo. Los dos siguientes que encontramos disponibles nos pidieron 100.000. Llegados a un cruce, no veíamos ningún cidomo y salió una chica del hotel Villa Bela a ofrecernos alojamiento. Le preguntamos por el transporte y nos dijo que lo normal es llamarlos, y amablemente se ofreció a hacerlo ella misma. Al cabo de unos minutos vino un señor con un cidomo y nos llevó al hotel por 100.000 rupias, que luego veríamos que sería el precio estándar por ese trayecto.

El cidomo es un carro estrecho en el que apenas caben 3-4 personas o en nuestro caso 2 con equipajes. La mayoría de caminos de la isla son superbacheados así que nuestras nalgas sufrieron cada uno de los viajes que hicimos en el carro.

Por fin el hotel

Optamos por el hotel Ombak Sunset por su situación en la costa oeste de Gili Trawangan. El hotel en sí es un resort que ocupa bastante superficie con una gran piscina, bungalows individuales y algún edificio de habitaciones que se integran bastante bien en el entorno. Además tiene una zona de playa con muchas tumbonas y bar y restaurante en la misma arena.

Las habitaciones se les ve un pelín envejecidas y algo desangeladas ya que a pesar de ser muy amplias no tienen ninguna decoración en forma de cuadros o zona de estar, pero están limpias así como el baño. Al estar rodeado de selva no es infrecuente ver algunos bichos por el pasillo. En la habitación dispones de un fumigador perfumado que evitará que entren los mosquitos.

La piscina es muy grande con bastantes tumbonas y le da el sol todo el día hasta el atardecer. Hay un servicio de toallas que puedes usar tanto para la piscina como la playa.

Lo mejor aquí son los atardeceres, ya que al estar en la costa oeste el sol se pone por este lado sobre el mar y con el telón de fondo incomparable del monte Agung de Bali. Disfrutamos todos los días de los atardeceres en alguna de las tumbonas de la playa y acompañados de unos cócteles, ya que precisamente hacen happy hour desde antes del atardecer con un 2×1 en cervezas y cócteles. Hay que decir que al atardecer se concentran en la costa oeste (la sunset coast) gente de toda la isla.

En el propio hotel hay un servicio de alquiler de bicicletas (75.000 rupias al día). Las bicis son muy nuevas y no nos dieron ningún problema.

Cenamos y comimos varias veces en el restaurante. Tienen varios platos indonesios que estaban muy buenos y bien preparados. A destacar unas gambas en salsa picante (no recuerdo el nombre indonesio) fresquísimas y para chuparse los dedos aunque ¡cuidado con el picante!

Maravillosos desayunos

Dado que en el hotel no nos entraba el desayuno con la habitación aprovechamos para coger la bicicleta y explorar los lugares cercanos.

Desayunamos varios días en el Gili Eco Resort. Tiene un trozo de playa casi virgen con arena muy blanca, unos pocos árboles que dan algo de sombra y un par de gazebos donde nos ponían el abundante y muy rico desayuno (entre 50 y 60.000 rupias) con huevos, tostadas, fruta fresca, zumo de fruta, cafés… genial.

Posteriormente nos quedamos tumbados en alguna de las hamacas bañándonos y contemplando el paradisíaco paisaje.

A destacar la amabilidad del personal en especial del siempre sonriente encargado, que parecía encantado de que volviésemos a diario.

Otro sitio donde fuimos a desayunar un día es el Gili Teak. Un lugar también idílico alejado del modelo de resort y en el que nos pusieron el desayuno (60-65.000 rupias) en la misma playa. Nos pareció un lugar encantador incluso para alojarse.

¡Peces de colores!

Tratándose de una isla no cabe duda de que las actividades estrella son las relacionadas con el agua. Y por encima de todo el snorkel y el buceo ya que las islas se asientan sobre arrecifes coralinos lo cual atrae una innumerable cantidad de peces tropicales.

El primer día de estancia en Gili nos apuntamos a una excursión de snorkel (100.000 rupias incluyendo equipo). La excursión es un barco que parte desde la playa en el bar Sama-Sama y que te lleva a 4 puntos situados alrededor de las 3 islas.

Qué decir del snorkel en las Gili. Fantástico. A la magnífica temperatura del agua se une que son absolutamente cristalinas y que hay mucho coral a muy poca profundidad, con lo cual es muy fácil observar su colorido y disfrutar con los bancos de peces tropicales amarillos, azules, verdes que pueblan las aguas.

Al mediodía paramos a comer en la isla de Gili Air, por supuesto nos dejaron en un puesto que tenían acordado previamente aunque te podías ir a otro sin problema. Aprovechamos para recorrer un poco el pueblo, que nos dió la misma impresión que el de Gili T pero más pequeño.

El último snorkel de la jornada fue entre Gili Meno y Gili T y era recorrer la barrera de coral que las separa y también ver un hundimiento que hay allí aunque al final resultó que no era un barco sino un muelle artificial que por algún motivo tuvieron que desechar y acabó allí en el fondo. Alredeor del mismo crecen lentamente los corales y los peces también se encuentran a sus anchas, aunque finalmente este fue el sitio que menos nos gustó de todos.

En definitiva una excursión que mereció muchísimo la pena y que no hay que dejar de hacer.

Más peces de colores… ¡y tortugas!

Habiendo tantos arrecifes de coral y peces que ver es lógico que las Gili sean un paraíso para el buceo y que haya unos cuantos centros dedicados a ello. Aprovechando que ya tenemos el titulo PADI nos animamos a la experiencia.

Contratamos con la empresa Lutwala, situada en la parte noroeste de Gili T y de la que habíamos visto buenas críticas. Cada inmersión cuesta 500.000 rupias más unas tasas gubernamentales para conservar el parque natural. Al final nos salió por unos 37€ cada inmersión. Suelen hacer inmersiones diariamente a las 9, 11:30 y 14:30.

El primer día fuimos al conocido como Turtle Point, entre Gili T y Gili Meno. Tuvimos la suerte de contar con Ramón como instructor. Es un chico de Barcelona que lleva unos meses trabajando aquí. Fue muy paciente con nosotros y nos ayudó mucho lo que agradecimos ya que hacía un par de años que habíamos hecho el curso y por lo tanto teníamos que refrescar algunos conocimientos.

El Turtle Point es un sitio magnífico de buceo. Infinidad de corales de colores y formas, con multitud de peces nadando entre ellos. No podría describir con justicia la belleza de aquél lugar. Y, de vez en cuando, haciendo honor al nombre del sitio ¡una tortuga! moviéndose de forma majestuosa en el agua.

Estuvimos tres cuartos de hora largos, y tras superar los nervios iniciales disfrutamos cada rincón que vimos.

Volvimos otro día y en esta ocasión nos llevaron a otro lugar llamado Halek. No nos tocó con Ramón de instructor sino con unos chicos australianos a los que entendíamos con dificultad y que no estuvieron tan pendientes.
El sitio era bastante más difícil al menos para nuestro nivel de experiencia. Es una pared coralina pero el problema es que había una fuerte corriente que te lleva en paralelo a la pared. En principio basta dejarse llevar, pero al ser la primera vez que experimentábamos eso tardamos en acostumbrarnos.

En esta zona buena parte del coral está destruido por la pesca con dinamita que se practicaba aquí hace años. Una pena, ya que muerto el coral apenas se ve ningún pez. Si bien la parte inicial era muy interesante, luego tan solo algunos lugares sueltos lograron nuestra admiración. En conjunto nos gustó muchísimo más el Turtle Point.

Dolce far niente

Y el resto del tiempo lo dedicamos a disfrutar de las maravillosas playas, de los atardeceres, de los cócteles en la happy hour y en 3 ocasiones nos acercamos por la tarde-noche hasta el pueblo en la costa este también para tomar algo y cenar.

Un día pasamos en bicicleta por delante del Scallywags y nos gustó su concepto “supermercado” donde una vez tienes mesa puedes ir a la parte de “pescadería” y elegir tu pescado o marisco que te hacen allí mismo a la brasa. Por la noche fuimos a cenar.

Tras esperar unos minutos en la barra nos dieron una mesa al lado del mar. Además la decoración aporta un cierto toque romántico y elegante. No cabía mejor lugar.

Pedimos un entrante que eran calamares rebozados. Estaban bien y lo mejor fue la salsa tipo alioli que los acompañaba. De principal pedimos una langosta a la brasa para compartir. El problema es que vino demasiado braseada, en algunas partes incluso chamuscada. Por lo que vimos es habitual tanto aquí como en otros sitios pasar las cosas mucho por la brasa. En todos los sitios utilizan una madera para la parrilla que aporta un intenso aroma a ahumado, que generalmente no nos gustó. No obstante la langosta era fresquísima y de allí no quedó ni la muestra.

Con una botella de vino blanco la cuenta salió por algo más de 1.100.000 rupias (65€), lo que no es especialmente barato pero considerando que se comió langosta fresca y además con vino (muy caro en toda Indonesia) nos parece razonable.

Está en la parte sureste de la isla junto a otros restaurantes y hoteles de calidad en Gili Trawangan. Al contrario en la zona noreste los bares tienden más a chiringuito playero de ambiente reggae, y allí incluso te ofrecen unas “mushroom” unas setas alucinógenas que están de moda.

El Kokomo está en la parte sur de Gili Trawangan y nada más llegar se nota el trato de exquisita elegancia por parte del personal, incluso yendo en camiseta y chanclas y llegando a la entrada en bicicleta. ¡¡El camarero incluso nos aparcó las bicis él mismo!!

Las mesas tienen todas velas, unas lámparas muy chulas y de luz ténue y una música tranquila que lo hacen un sitio muy romántico junto al mar.

Nos gustó mucho la comida así que finalmente cenamos allí un par de noches. Algunos platos de los que probamos:
– Atún al estilo de Tahití. Buen atún, se notaba fresco, hecho en su punto justo (ni pasado ni crudo). 🌟🌟🌟🌟
– Cola de langosta. Otro intento para valorar el marisco local, aunque acostumbrados al del norte de España, este no está tan bueno. 🌟🌟🌟🌟
– Sashimi. Buenísimos tanto el atún como sobre todo el salmón. El wasabi era auténtico (no la pasta que suelen servir) y estaba muy picante a poco que te excedieras en la cantidad… ¡cuidado! 🌟🌟🌟🌟⭐
– Muscovy duck. Pato con una salsa dulce bastante rica. El plato era muy abundante. 🌟🌟🌟🌟
– Gambones y vieiras. Las gambas muy frescas. En general están mucho mejor en Indonesia las gambas que la langosta. 🌟🌟🌟🌟

La cuenta con unas copas de vino en torno a 900.000 rupias (50-55€) en cada ocasión. Teniendo en cuenta tanto la localización como la comida como la atención recibida nos pareció que Kokomo bien merece una visita. Recomendado.

Finalmente nos encontramos tan a gusto en esta isla que alargamos nuestra estancia a 5 noches. Esto sí es lo que nos esperábamos encontrar el venir a Bali.

¿A qué Gili ir?
Leyendo las guías e internet hay una serie de opiniones comunes sobre las 3 islas Gili: son preciosas, Gili Trawangan es muy fiestera, Gili Meno es muy tranquila y Gili Air es un intermedio.
Como queríamos evitar una nueva Kuta teníamos cierta prevención a ir a Gili T. No obstante mirando varias opiniones y la situación de hoteles y restaurantes en el mapa de la isla, decidimos alojarnos en un hotel en la costa oeste de la isla. Al parecer todo el meollo de la fiesta se concentraba en la costa este.

En cuanto a Gili Air, apenas pusimos el pie en tierra aunque nos dió una impresión similar a Gili T: una zona donde se concentran casi todos los bares, hostels y chiringuitos, y el resto de la isla más tranquila. En el caso de Gili Air probablemente la zona de marcha sea bastante más pequeña, resultando en una isla más tranquila.

Nuestra recomendación sería ir a Gili T pero alojarse en cualquiera de los hoteles o bungalows que se encuentran en la poco poblada y tranquila costa oeste de Gili T. Mucha tranquilidad, playas casi vírgenes y puedes acceder a bares y restaurantes si te apetece.

Hacia las Gili

Odisea para los billetes

Con el buen sabor de boca que nos había dejado Nusa Lembongan nos dirigimos a las islas Gili. Estas son 3 islas pequeñas que están al lado de Lombok, isla contigua a Bali y a las que se puede llegar “fácilmente” en barco rápido.

Todo parecía bastante sencillo para ir de un sitio al otro. El barco rápido partía de Padang Bai, un puerto en la zona este de Bali que en el mapa no estaba muy lejano. Además vimos que había uno de los barcos rápidos que partía a la 1 de la tarde, lo que en teoría nos permitiría disfrutar la mañana. Recordemos que aquí amanece muy temprano, hacia las 6, y hacia las 8 ya hace calor suficiente para ir a la piscina o incluso playa.

La noche anterior estuvimos mirando por las agencias callejeras que encontramos, y ofrecían el precio de folleto de 660.000 rupias (40€) por trayecto incluyendo desplazamiento desde el hotel en Bali a Padang Bai. En algún caso bajaron a 550.000 pero no más. A la mañana siguiente preguntamos en el hotel y con un par de llamadas nos dijeron 500.000 por billete. Buena sorpresa. Luego nos volvieron a llamar y nos dijeron que el desplazamiento iba ya lleno y que la compañía no lo podía organizar, así que el hotel ofreció su coche por 200.000 rupias los dos. Como íbamos muy justos de tiempo y queríamos ir ese mismo día aceptamos aunque nos olía a trampa ya que tendrían que haber rebajado el billete.

A continuación nos dieron la otra mala noticia: que a las 10 de la mañana tendríamos que marchar, ya que se tardan 2 horas en ir a Padang Bai… entonces vayamos a las 11… no, porque hay que recoger los billetes y bla bla bla. En fin que ya se nos habían chafado los planes del día. Para eso hubiese sido mejor madrugar y coger el barco de las 8 o las 9 de la mañana.

El taxi tardó en atravesar el denso tráfico de Denpasar y luego iba por la carretera de la costa, en la que se veía algo más de naturaleza pero aun muchas casas (casi se podría decir chabolas), tiendas chiringuito destartaladas y los omnipresentes templos. Y una nueva presencia: el monte Agung, el volcán (extinto) más alto de Bali que domina toda la isla, aunque no se vea desde Kuta ni Seminyak.

Llegado un momento del viaje el coche se paró en un lugar en el que no había nada excepto un edificio de planta baja con varios locales de los cuales solo estaba ocupado una agencia que vendía los billetes que íbamos a utilizar. El taxista estuvo comentando algo con la empleada y a continuación a esperar. Esperar, esperar y esperar. Preguntábamos de vez en cuando pero solo decían que los billetes estaban “en camino”… ¿¿¿en camino???

Al cabo de casi tres cuartos de hora sin que aparentemente ocurriese ninguna novedad ya por fin pudimos pagar. Nos ofreció la vuelta con desplazamiento al hotel al mismo precio (500.000 rupias). Nos pareció buen precio y encajaba en nuestros planes así que aceptamos. Días después veríamos que había sido una mala idea.

No tenían para pago con tarjeta, así que tuvimos que rascar las rupias que teníamos y aun asi el chófer nos dejó 200.000 que nos faltaban y que le devolvimos en cuanto llegamos a Padang Bai y pudimos sacar del cajero. Lo que obtuvimos fueron unos vales que tendríamos que cambiar por los billetes finales en Padang Bai. Pero ¿no era esta la oficina oficial de la naviera? Pues no, era una agencia de amiguetes del hotel que por supuesto se llevaría su comisión así como los del hotel, faltaría más.

Unos 20 minutos de coche después llegamos a Padang Bai. Allí nuevamente el caos. Afortunadamente en este caso el taxista se ocupó de ir a 3 o 4 sitios hasta que nos dieron los billetes y nos dejó en el embarcadero, pero estuvimos más de 30 minutos dando vueltas.

Aunque las distancias sean aparentemente pequeñas y las gestiones sean aparentemente sencillas, todo lleva muchísimo tiempo aquí así que, aunque ya prevees tardar más que en España, hay que preveer muchísimo más tiempo para todo.

Por fin en el barco

El embarcadero también es bastante caótico. En un estrecho muelle se concentra la llegada y salida de varios barcos y se afanan empleados de los barcos, pasajeros que llegan y se van, unos cuantos puestos ofreciendo de todo instalados en el suelo y otros cuantos vendedores moviéndose entre los pasajeros.

Tuvimos que esperar otra media hora más bajo el sofocante calor del medio día, así que para cuando estuvo todo listo para zarpar eran casi las 2 de la tarde frente a la hora prevista de la 1.

El viaje en sí fue como la seda. Tomamos un barco de la empresa Marina Srikandi, de las que mejores comentarios tenían por internet. En cuanto al tema seguridad tenían chalecos y botes salvavidas y parecían correctamente equipados. Habíamos leído también muchas historias sobre los transportes en barco locales, aunque al parecer estos son mucho más lentos. Los ferris rápidos suelen estar bien equipados en seguridad, no sobrecargaron el barco con pasajeros y por supuesto son mucho más caros. Allí en el puerto había varias compañías que hacen el trayecto desde Bali a Gili y/o Lombok.

El viaje en sí mismo fue algo menos de una hora y nos dejó en la playa de Gili Trawangan, ya que apenas hay un muelle en esta isla y por algún motivo que desconozco no lo usaron.

Bali. Nusa Lembongan

Hoy nos decidimos por hacer una excursión a la cercana isla de Nusa Lembongan, visita muy recomendada por varias personas que habíamos encontrado durante el viaje.

La ida

Para llegar a Lembongan hay que coger unos barcos que salen del puerto de Sanur, en la parte sur de Bali cerca del aeropuerto, y te llevan aproximadamente en media hora hasta la isla. Hay varias compañías aunque interesa buscar una con cierta calidad y que tenga las medidas de seguridad apropiadas (chalecos salvavidas, botes inflables, extintores, etc.). Al final es probable que en la negociación con los agentes de viajes te la intenten liar y meterte en un barco más barato a precio de caro, así que hay que andarse con ojo.
Al final el desplazamiento ida y vuelta con transporte desde y hasta el hotel nos salió por 500.000 los 2 (30€). Es probable que un taxi y comprar el billete directamente en el puerto fuese más barato. Siempre quedan esas dudas con el eterno tema del regateo.

En el trayecto coincidimos con una pareja de rumanos que estaban de vacaciones por la zona y que se mostraron entusiasmados con ¡Tenerife!. Por lo que contaban eran bastante viajeros ya que también habían estado en Zanzíbar entre otros sitios. Nos recomendaron encarecidamente que visitásemos Rumanía pero no solo Bucarest. Eso sí, nos dijeron que no esperásemos que fuese un país barato.

Aventura… ¡en moto!

Una de las cosas buenas de Nusa Lembongan es que apenas hay coches. El principal medio de transporte es la moto y como no hay mucha población tampoco hay un excesivo número de ellas.

La isla es suficientemente grande como para que la bicicleta nos limitase el recorrido, y además como vimos después tiene una montaña en medio por la que hay que pasar para atravesar hasta el otro lado.

Así que viendo que no había mucho tráfico nos aventuramos a alquilar una moto ¡y eso que no había cogido ninguna en mi vida! Total no podía ser mucho más difícil que una bicicleta, y yendo despacio la torta no sería importante… 🙂

Al final la alquilamos para todo el día incluyendo gasolina por 70.000 rupias (4,5€). No sé si cara o barata pero mucho menos tampoco iba a ser y no quería gastar más tiempo en el regateo.

Mangrove Point, ¡por fin Bali!

Primero nos dirigimos a la zona noreste, conocida como Mangrove Point. Efectivamente esta zona está cubierta por manglares tanto en el mar como en unos entrantes de agua hacia tierra. Hay dos razones principales para ir allí, visitar los manglares en una excursión en barca y hacer snorkel en las aguas costeras.

Antes de llegar al Mangrove Point hay un señor en un cruce de carreteras que para a todo turista que pasa y le cobra una “entrada al parque natural”. La verdad es que parece todo muy chabacano para ser oficial aunque nos dió un recibo preimpreso que tenía buena pinta y que costaba 3000 rupias (0,15€) por cabeza, así que no merecía la pena ni discutir…

En Mangrove Point hay una larga sucesión de chiringuitos, warungs y alojamientos sencillos al pie de la playa. Preguntamos en varios de ellos, lo habitual es que te ofrecieran la excursión completa a los manglares o bien salida en barco para hacer snorkel (sobre 150.000 por cabeza aunque se podía regatear). Al final dimos con el Nano Nano cuyo propietario fue amabilísimo y nos ofreció además la posibilidad de alquilar solo las máscaras de snorkel (30.000 rupias) e ir nadando hasta la zona ya que estaba cerquísima de la costa como comprobamos al ver allí los barcos de las excursiones. A este simpático indonesio no se le veía interesado tan solo en nuestro dinero como sí aparentaron los otros.

Así que nos calzamos las aletas, la máscara y el tubo (y yo el chaleco salvavidas, que para el agua soy un miedica) y nos lanzamos al agua. La primera parte fue nada interesante, el agua apenas tenía profundidad y estaba todo con algas y sin visibilidad. Sin embargo tras alejarnos 50m el panorama empezó a cambiar y ya empezamos a ver algunos corales y peces. Cuando alcanzamos la zona de los botes disfrutamos un montón con la cantidad de colores que desvelaba el fondo del mar. Al no haber mucha profundidad, quizá entre 2 y 5 metros, se veía todo muy cerca. Multitud de peces de colores por todos lados y también corales.

Pasamos un buen rato en el mar y más que nos hubiésemos quedado ya que la temperatura del agua era ideal y no hacía ni pizca de frío, pero llegó un momento en que ya empezamos a cansarnos y decidimos volver.

En la orilla nos tomamos una cerveza tumbados en la playa del Nano Nano mientras disfrutábamos de las vistas de la playa y el manglar, y allí pensamos que habíamos llegado al verdadero Bali. ¿Por qué no quedarse en una de esas cabañitas al lado del mar? Sería lo que tendríamos que haber hecho de mano, de haberlo sabido.

Dando la vuelta a la isla

Con pena marchamos de aquél lugar y nos dirigimos al Panorama Point para comer allí ya que nos lo habían recomendado. Pero nos equivocamos de carretera y acabamos en la otra punta de la isla, muy cerca del puente que une Lembongan con Nusa Ceningan, una islita aun más pequeña que al final no visitamos. Seguimos recorriendo la costa suroeste y paramos en uno de los warung que había en la costa, con fenomenales vistas y allí comimos.

Hay que decir que este warung tenía precios de turista y por cada plato cobraba unas 70.000 rupias más 25.000 por cada cerveza. Sin embargo estaba todo muy bueno y disfrutamos tanto de la comida como de la ubicación.

La coqueta Dream Beach
Siguiendo la costa llegamos a Dream Beach, otro punto significado de la isla. Es una pequeña cala de arena muy blanca que no está muy concurrida a pesar de tener un hotel con buena pinta en el pico de la misma. Allí sacamos la toalla y estuvimos tomando el sol y bañándonos encantados durante un par de horas.

Impresionante Panorama Point
Ya tocaba volver al puerto para tomar el barco de regreso. Esta vez sí acertamos  pasar por Panorama Point y ciertamente hace honor a su nombre. Vaya vista impresionante de la playa de Nusa Lembongan con el monte Agungi, el más alto de Bali, impresionante al fondo. Para no perdérselo.

Vuelta encantados de encontrar a Bali
A la vuelta los del barco decidieron hacer un poco de cachondeo e iban “saltando” las olas. Afortunadamente el mar estaba bastante calmado, pero no nos hizo ni pizca de gracia la actitud…

En el barco conocimos a Rosa, una simpática gallega que lleva un tiempo en Bali. Su novio y algunos socios están abiendo un negocio de bungalows en Nusa Lembongan, llamados Planet Nomada. Si pensais ir por esta isla y quedaros (cosa que recomendamos) echadle un ojo por si acaso.

Un acierto total esta excursión a Nusa Lembongan. De hecho nos hubiera gustado quedarnos al menos una noche quizá en una de las cabañas de Mangrove Point. Al fin tras varios días de desilusiones habíamos dado con la Bali que teníamos en nuestras cabezas y en nuestras ilusiones.

Bali. Ubud

Desde el hotel nos organizaron una excursión de medio día (5 horas) a Ubud, por 400.000 rupias. Por internet habíamos visto precios algo inferiores pero preferimos la comodidad de no tener que buscar.

Ubud está en el interior de Bali y es famosa por representar mejor la espiritualidad y el arte balineses, con infinidad de templos, selva y terrazas de arroz. Eso es lo que intentaríamos captar, aunque fuese someramente, en esta corta excursión.

Danza balinesa
Salimos a eso de las 8:30 para toparnos con el eterno atasco de tráfico de Seminyak y Denpasar. Eso hizo que nos llevase casi una hora hasta la primera parada: una exhibición de bailes típicos balineses.

En una especie de teatrillo para turistas nos hicieron la representacion de la danza del Barong, un dragón que simboliza el bien, y el Rangda, la bruja que simboliza el mal (entrada 80.000 rupias). El espectáculo, más bien un teatro musical, estuvo bastante bien y además de los personajes con sus disfraces coloristas salieron también un par de bailarinas balinesas. Curiosamente contra lo que me esperaba la danza balinesa es un tipo de danza muy estática y gestual.

Una pequeña banda tocaba música de gamelan (unos instrumentos de percusión de sonido peculiar) como acopañamiento durante toda la representación.

A pesar de que evidentemente era un montaje para turistas, nos gustó el evento y salimos contentos.

Artesanía batik

No tanto de la siguiente parada que era para enseñarnos el arte de confección batik también típico de Bali. Este arte consiste en cubrir las telas con cera formando los dibujos deseados y posteriormente teñirla de un color que se fija solo en las zonas no cubiertas con cera. Y así en sucesivos pasos hasta obtener el resultado final. Una técnica curiosa.

La parte mala de esta visita surge cuando te llevan a la tienda llena de pañuelos, pareos y manteles supuestamente hechos a mano (por ello tienen precios desorbitados) y que resulta que no se parecian en nada a los que habiamos visto hacer a mano en la fábrica…
Estos de la tienda tenían todos unos dibujos simétricos sospechosamente iguales. En fin, típica visita turisteira.

La prenda típica balinesa es el sarong, como ya habíamos visto en los bailes y que visten tanto hombres como mujeres. Es un pareo que se ata de una forma particular que no conseguí aprender. Los hay de distintos colores y dibujos variando según la región.

La “fábrica” de plata

Continuamos la ruta en coche siguiendo por unas carreteras estrechas que serpenteaban por un contínuo de calles, templos y tiendas sin fin. No se veía nada de selva ni arrozales. Todo era cemento, polvo y vehículos.

La más curioso del camino fue comprobar que cada casa tiene un templo que realmente ocupa la mayor parte de la vivienda, con la extensión de cada ciudad se multiplica al menos por dos. El guía nos explicó que la isla de Bali es mayoritariamente hinduista y que cada familia tiene que tener su templo dentro del recinto de su casa, cuanto más grande mejor (significa mayor capacidad económica). Además hay un templo común en cada barrio, otro mayor en cada ciudad y uno enome en la capital para todo el país. Así pues todo el camino es una sucesión de templos.

Uno de los pueblos por los que pasamos estaba especializado en el trabajo en piedra. Todas las tiendas tenían un terreno enorme lleno de montones de estos templos de todos los tamaños listos para vender. Desde luego hay un buen negocio alrededor de esto.

La siguiente parada fue en otro de los pueblos aledaños a Ubud, en este caso especializado en el trabajo de la plata. Esta parada fue más turisteira si cabe ya que la demostración sobre la fabricación artesanal de objetos de plata apenas existió y la chica prácticamente nos metió a empujones en la tienda. Allí efectivamente había un montón de joyería en plata, pero los precios eran más altos que cualquier mercadillo o joyería en España. Así que salimos corriendo dejando a la dependienta con un visible enfado.

Ya hartos de turistadas le comentamos al chófer cambiar las visitas que quedaban (como la de artesanía en madera y otras de la misma categoría) por otras actividades, como visitar las terrazas de arroz, pero el chófer no estaba por la labor, dijo que aquello quedaba al norte de Ubud y se tardaba muchísimo en llegar, que nosotros habíamos contratado la excursión “half day” y que si queríamos ver las terrazas había que contratar la “full day” (por supuesto más cara). Pues nada, a aguantarse.

Monkey Forest

En cambio no puso pegas para llevarnos al Bosque de los Monos (Monkey Forest) y allá fuimos, así al menos veríamos algo de naturaleza.

En este caso acertamos, el Monkey Forest (30.000 rupias) resultó un recinto de selva tropical bastante extenso con multitud de plantas y árboles donde los monos campan a sus anchas en grupos y familias. Dentro del bosque perdidos entre las lianas y palmeras hay varios templos de piedra llenos de estatuas de monos en distintas posturas, el conjunto nos recordaba a esas películas de náufragos que llegan a una isla tropical habitada solo por monos y salvajes. Los monitos están por entre los arboles y los templos o caminos a su aire y no molestan a la gente ni intentan quitarte objetos o comida. Tienes la posibilidad de comprar unas bananas y alimentarlos directamente de tu mano o hacerte una foto con ellos subidos al hombro, son muy amistosos y simpáticos.

Dentro del bosque hay un paseo de pasarelas de madera entre la vegetación que baja a un río donde hay un templo pequeño y muy bonito por el enclave, y allí ves a los monos divertirse chapoteando en el agua.

Bonita visita que mereció la pena.

Y ya no dió para más la media jornada. Al final con tanto tráfico la mayor parte del tiempo lo pasas en el coche.

Impresión final

Aunque la danza y la selva o incluso la fabricación de telas fueron visitas interesantes y nos gustaron, lo que no nos gustó de nuevo fue comprobar que el “auténtico Bali” consiste en un barullo de tráfico, ruido y casas feas. No conseguimos ver nada de verde en las 2 h de viaje en coche desde el sur al interior, todo era cemento salvo el bosquecillo de los monos. Quizá sea más apropiado alojarse en la propia Ubud y perderse por cuenta propia en las carreterillas del norte de la isla. Al menos por la parte sur creemos que no merece la pena.

El resto del día lo pasamos entre la piscina y la playa, y por supuesto tras el relax y descanso por la tarde-noche salimos un rato por Seminyak.

Bali. Seminyak

hotel_redEn Seminyak nos alojamos en el hotel Dipan Resort, muy cerca de la zona de bares y restaurantes de Seminyak pero no en medio con lo que está bastante tranquilo. La única excepcion es el vecino club Hu’u con música discotequera hasta las 2-3 de la mañana aunque no nos impidió dormir.

El hotel está muy coqueto y el personal es muy acogedor. Tiene una piscina no muy grande pero glamourosamente decorada con vegetación, caída de agua e incluso una cama para tomar el sol suspendida sobre la piscina. Muy guapo.

Tuvimos mucha suerte: no les quedaban habitaciones normales y por el mismo precio nos alojaron en una de las villas… en dos palabras: im-presionante. Edificio de dos pisos, habitación y baño enormes, con gran ducha y bañera , un gran salón-cocina-comedor en la planta baja y lo mejor: ¡una piscina privada con su jardincito para nosotros solos! ¡Qué más se puede pedir! Incluso venían por la tarde a abrirnos la cama, encender las luces y asegurarse de que el aire acondicionado estaba bien puesto.

En el mismo hotel nos organizaron una excursión a medio día por Ubud (400.000 rupias) y el transporte a Gili Trawangan (200.000 rupias por el transporte hasta Padang Bai + 500.000 por billete de barco). Quizá estas excursiones podíamos haber encontrado algo bastante mejor buscando en los puestos de turismo de la calle, pero el tiempo se nos echó encima y nos fuimos a lo cómodo.

Muy buena recomendación el hotel Dipan.

Viendo que el alojamiento era inmejorable, decidimos quedarnos en Seminyak 3 noches con el plan de explorar Bali durante el día y salir a cenar por Seminyak por la noche.

restaurante_redDespués de estar un rato en nuestra piscina para terminar la tarde decidimos ir al beach club más famoso de Seminyak, el Potato Head, del que tanto habíamos oído hablar en varias páginas web. Estaba a 5 minutos a pie desde el hotel Dipan. Al llegar se entra por la parte trasera del edificio: una estructura alta de forma semicircular que está construida con contraventanas viejas de madera de distintos colores traídas de toda la isla. Una estampa sin duda curiosa. No es necesario pagar entrada.

Dentro del Potato Head… mucha gente. Está todo excesivamente lleno sobre todo de australianos. Las instalaciones están por supuesto muy bien preparadas y pinchan música chill-out que tiende a bacaladera con el paso de la tarde lo cual la convierte en pesada. Hay una zona de tumbonas con mesas al lado de la piscina infinita abierta hacia el mar para las hay que apuntarse en una lista y esperar a que quede alguna tumbona libre. En las tumbonas la consumición mínima son 500.000 rupias. Si no quieres tumbona puedes quedarte en el césped, si es que encuentras un hueco para poner la toalla, ya que está bastante masificado.

También hay mucha gente en la piscina, sobre todo en la zona del bar, tomando sus bebidas sin control o incluso fumando dentro del agua… el club en global no está mal del todo pero esperaba algo con mucha más clase. No volvería, en Menorca o Ibiza hay sitios infinitamente mejores.

Después dimos una vuelta por la playa a ver el atardecer, donde mucha gente se congregaba para lo mismo. La playa es continuación de la de Kuta, también muy ancha y extensa, sin embargo en esta zona no hay hamacas ni chiringuitos y está bastante solitaria durante el día. Debe de ser porque todo el mundo se queda en la piscina de su hotel, muchas de ellas construidas en la misma arena de la playa.

Lo mejor de Seminyak es sin duda el ambiente de tarde-noche ya que hay multitud de sitios modernos y atractivos. Alguno de los que más nos gustaron, además del ya mencionado La Favela, son:

restaurante_redVin+. Un espectacular local de bambú abierto hacia la calle muy amplio con gusto exquisito. Nuestra habitual primera parada tras salir del hotel ya que casi todos los días tenían música en directo. Nos encantó una chica australiana de origen italiano llamada Eva Scolaro. Con su encantadora voz y su aire de suprema elegancia nos hizo pasar un rato muy agradable el sábado. Por lo que parece todos los sábados actúa allí.
Los cócteles entre 85 y 95.000 rupias y una atención excelente.

restaurante_redMotel Mexicola justo al lado del Vin+, es un local con un gran patio animadísimo de gente cenando o tomando algo. La decoración y la carta son de inspiración mejicana y tiene una música muy marchosa pero no discotequera. El ambiente es muy variopinto, desde grupos de jóvenes hasta matrimonios australianos de ropas estrafalarias. La margarita on the rocks está muy buena. Precios de cócteles sobre 80.000 rupias (5€).

restaurante_redGinger Moon está en la calle principal Jalan Kalu Aya y es de los pocos que pone vino por copas en condiciones de temperatura adecuada (o sea, no “del tiempo “). Como en toda Indonesia el vino es caro, entre 75 y 90.000 rupias la copa (4-6€).

Tiene una decoración moderna y acogedora de inspiración indonesia. Como en la mayoría de los sitios la atención es muy amable.

Un día cenamos allí y salimos muy contentos aunque no para quedar con la boca abierta. A destacar el “pez volador crujiente”, un pescado pequeño ligeramente rebozado que lo fríen entero hasta que queda super crujiente y lo presentan de forma que parecen alas. Muy curioso y bastante rico.

La cuenta total con 2 entrantes, 2 principales y una botella de vino fueron 678.000 rupias (unos 40€), un precio que no es caro para la zona.

Paramos en otros bares de la calle Kalu Aya, pero no nos gustaron tanto o bien la terraza daba justo a la calle principal y era imposible estar allí por culpa del humo y ruido del espantoso tráfico que había. No paraban de pasar cientos de motos y sobre todo taxis que daban vueltas sin parar calle arriba y abajo esperando que les parase algún cliente y apestandolo todo con su asqueroso humo de tubo de escape. Muy desagradable.

Con el tiempo ibamos comprobando como toda la zona sur de Bali no responde en absoluto al concepto preconcebido que teníamos de la isla como un lugar paradisíaco. Nuestras sospechas se confirmaron en los siguientes días (ver artículo próximo): del Bali auténtico no queda prácticamente nada y ahora no se diferencia de otros tantos lugares de turismo de masas: coches, motos, humo, ruido, guiris y toneladas de cemento por doquier le restan cualquier encanto.

Otros turistas e incluso algún español que conocimos que vivía en Bali nos confirmaron esta impresión y nos comentaron que las únicas zonas que quedan algo respetadas se sitúan bastante lejos, al norte de la isla y no al sur. También nos recomendaron visitar la cercana isla de Nusa Lembongan, algo que haríamos más adelante.

Finalmente Bali ha resultado una decepción. No sé si por no ir suficientemente informados con antelación o quizas por no usar una forma de explorar más independiente (p.ej. alquilando una moto). En todo caso, encontrar alguna zona virgen en la isla actualmente parece bastante difícil… y cada vez más. Así pues, si lo que buscais es el Bali que tenemos idealizado no vayáis al sur de la isla, o mejor aún, no vayais a Bali.

Bali. Kuta y el ambiente de Seminyak

El aeropuerto de Bali es peculiar ya que tiene parte de la pista en un terreno ganado al mar. Es curioso ver los aviones llegar y despegar mientras estás en la playa de Kuta o Seminyak.

La llegada al aeropuerto no tiene nada que ver con el de Yogyakarta. Este es un aeropuerto moderno y en la zona de llegada tienen unas estatuas enormes en plan arte balinés. Menuda diferencia.

Al salir de la zona de recogida de equipajes hay un puesto donde puedes alquilar un taxi. Para ir hasta Kuta nos cobró 120.000 rupias aunque en el cartel de tarifas ponía 90.000. La explicación que nos dió es que el hotel era “a las afueras” por lo que cobraba más. En fin, era demasiado tarde y estábamos ya muy cansados como para discutir más. Y tampoco parecía que hubiese más opciones.

Kuta

Dado que el avión de LionAir que nos llevó de Yogyakarta a Bali llegaba casi a medianoche, y más tarde que llegó por la media hora de retraso que sufrimos, ya habíamos reservado un hotel en la ciudad de Kuta, muy cerca del aeropuerto.

Las guías nos habían prevenido sobre Kuta en el sentido de que es una ciudad muy fiestera, con muchos chavales en plan juerga de borrachos y discotecas ruidosas hasta altas horas. No obstante por el tema de la hora de llegada decidimos alojarnos allí y ya elegiríamos al día siguiente nuestro lugar de alojamiento en Bali.

hotel_redNos alojamos en el hotel Fontana (36€/noche) en Kuta pero en una calle alejada de la famosa calle Legian que es el centro de la juerga. El hotel por lo tanto está en una zona más tranquila aunque hay algunos bares y restaurantes alrededor por si no te quieres desplazar. No obstante para bajar y subir de la calle Legian o de la playa se hace casi imprescindible el taxi, no tanto por la distancia que hay (mas o menos 1,5 km) sino porque las calles de Bali son un infierno de motos , taxis y coches, sus aceras inexistentes o llenas de baches …insufribles para caminar. Una sensación de caos, ruido y locura similar a Yogya o casi Vietnam.

El personal del hotel es muy amable y te ayuda en lo que necesites. Nos sorprendió (y acojonó un poco) el control de seguridad al llegar el taxi ya que el guardia inspeccionó los bajos del vehículo y el maletero antes de permitirle el paso al recinto del hotel. Veríamos este tipo de controles en otros lugares de Kuta y Seminyak.

La habitación estaba muy bien, moderna y limpia. El hotel además cuenta con una piscina con tumbonas, aunque buena parte del día no le da el sol directamente. No es problema gracias a la buena temperatura habitual en Kuta.

En resumen un buen hotel, con la única pega de que hay que usar el taxi lo cual por la noche puede ser un pequeño sablazo ya que se ponen de acuerdo para cobrar un mínimo de 50.000 rupias (3€) aunque sea muy cerca y de día te hubiese costado menos de 20.000 el mismo trayecto.

Como no habíamos cenado decidimos bajar hasta la calle Legian y picar algo a la vez que le echábamos un ojo al famoso ambiente. Fue bastante decepcionante o bien no supimos encontrar el meollo del lugar. Había unos cuantos bares y restaurantes sí, pero la mayoría cerrados o ya vacíos. Había unos cuantos turistas pero no las hordas de chavales desfasados que anunciaban las guías.

En todo caso el ambiente y la pinta de los bares no nos gustó en absoluto y no nos quedaron ganas de volver por allí. Encontramos un lugar para cenar que estaba razonablemente bien y barato y que hacía una especie de crepes al estilo balinés.

Tras cenar para volver al hotel hubo que regatear con uno de los cientos de taxistas que recorren sin cesar toda la noche la calle Legian esperando que caiga algún cliente. A pesar de que casi todos están vacíos te empiezan a regatear por 100.000 rupias y ninguno te bajará de 50.000, que fue lo que pagamos para volver al hotel.

La playa

A la mañana siguiente bajamos andando hasta la playa. Hay un camino por unas callejuelas estrechas por donde te puedes encontrar 10 motos pitando en dirección contraria casi obligándote a refugiarte en la casa de algun “kuteño”. Al cabo de un kilómetro llegamos a la calle Legian y allí la vimos de día. Nada distinto a lo que hay en los lugares de veraneo de los ingleses y alemanes en Mallorca, Tenerife o la Costa del Sol. Una sucesión de bares, tiendas de souvenirs y mercadillos con los mismo productos que en cualquier sitio de este tipo.

La playa es muy extensa y ancha. Según las guías tiene más de 8 km de largo. Está llena de tumbonas y sombrillas para alquilar aunque también hay sitio para tirar la toalla en la arena. Hay multitud de chiringuitos locales en plan cuatro taburetes y una nevera de hielos con cervezas. Lo mismo te dan un cuenco con fruta fresca que te hacen un nasi goreng (arroz frito con pollo) sobre la marcha.

Son muy numerosos los vendedores ambulantes que van y vienen por la playa. Curiosamente como estábamos en nuestras toallas apenas nos molestaron y se centraban casi en exclusiva en los turistas que había en las tumbonas, debe ser que dábamos pinta de pobretones :-).

Allí en la playa pasamos toda la mañana y parte de la tarde para descansar y recuperar del maratón de vuelos y visitas que habían sido los primeros días del viaje.

El ambiente de Seminyak

Con la intención de huir de Kuta por la noche decidimos salir a tomar algo por Seminyak, zona que está a continuación de Kuta hacia el norte de la isla. Un taxi nos llevó hasta allí por aproximadamente 30.000 rupias. Supuestamente Seminyak es una zona también fiestera pero más cuidada o “de nivel” que Kuta.

La calle principal donde se encuentran la mayoría de bares, restaurantes y tiendas es la Jalan (calle) Kalu Aya aunque también hay varios en las aledañas Lasmani, Kayu Jati y Petitenget.

restaurante_redLa Favela es un sitio sorprendente. La pequeña entrada muy bien decorada con lámparas de cristales y vegetación invita a entrar en el bar. Tras un pasillo llegamos a un local enorme que en realidad es el patio de lo que parece una casona. Lo más sorprendente es que el patio está decorado como un vergel con multitud de plantas, árboles, estanques, fuentes… con una iluminación tenue que realza todo lo anterior. Un sitio de lo más encantador.

Fuimos en un par de ocasiones, una a tomar unos cócteles y otra a cenar. La comida está bastante bien, aunque hay que ir a cenar más o menos temprano porque entre 9 y 10 de la noche La Favela se convierte en un bar de copas muy muy animado.

restaurante_redCenamos en el Chandi siguiendo las buenas recomendaciones de Tripadvisor. Es un sitio muy bien decorado como casi todos los de Seminyak. Nos sentamos en la zona trasera ya que está abierta al exterior aprovechando que las temperaturas nocturnas son ideales y se puede estar en camiseta sin pasar ni frío ni calor.

En cuanto a la comida probamos algún plato típico del sudeste asiático, y estas fueron nuestras impresiones:
– Indonesian dim sum 🌟🌟🌟🌟
– Plato degustación marisco 🌟🌟🌟⭐
– Plato degustación pato 🌟🌟🌟⭐

Para acompañar la cena tomamos un vino Two Islands Riesling cultivado en Australia y hecho en Bali 🌟🌟🌟🌟 (320.000 rupias). Curiosamente hay varias marcas de vino hecho en Bali pero con uvas traídas de Australia.

El total de la cena fue poco más de un millón de rupias (unos 60€). Desde luego no es barato, pero la zona de Seminyak está orientada al turista extranjero y especialmente australiano de alto poder adquisitivo y eso se nota. Además el vino sube bastante la cuenta. En todo caso cena agradable.

Las sensaciones que tuvimos esa noche en Seminyak fueron positivas al menos para la parte de salir a tomar algo antes de cenar, cosa que nos gusta hacer. Por lo cual decidimos trasladarnos al día siguiente a Seminyak y quedarnos allí 2 ó 3 días de relax y como sitio de base para seguir explorando Bali.

Borobudur y Pranbanan

Realmente el único motivo para venir a Yogyakarta es visitar los templos de Borobudur y Prambanan que se encuentran a las afueras de la ciudad. Como vimos después incluso se organizan excursiones de un solo día desde Bali (por supuesto en avión) para ver ambos templos y luego regresar.

Una duda que teníamos era si daría tiempo a ver ambos lugares dado el caótico tráfico. En el hotel nos aseguraron que sí y nos pusieron en contacto con un agente que nos proporcionaría un coche con conductor. Al final el precio acordado fueron 500.000 rupias (unos 30€) incluyendo transporte, conductor, gasolina y los parking en cada sitio. Por lo que ví en páginas como YogYes es un precio dentro de lo habitual.

Supongo que como casi siempre se podría obtener algo mejor a base de regatear y regatear y gastando en ello el precioso tiempo de vacaciones. Por mi parte opino que una vez el precio parece razonable (aunque nunca vas a tener la certeza), el esfuerzo de “rascar” unos pocos euros no compensa el tiempo invertido. Otra de las ventajas de contratar un conductor y no una excursión es que los viajes organizados salían a las 5 de la mañana y nosotros andábamos todavía con el jet-lag así que quedamos con nuestro taxista a las 8 con la intención de no madrugar… ¡craso error! La llamada a la oración de la mezquita de al lado con su altavoz de 5000 vatios orientado hacia nuestra ventana casi nos mata del susto a las 5 de la mañana.

Borobudur

Es el mayor templo budista del sudeste asiático y reconocido como patrimonio de la humanidad por la Unesco. Se encuentra a unos 40 km. de Yogya pero se tarda casi hora y media en llegar. De camino al templo el chófer nos fue contando cosas de Yogya y del templo.

En Borobudur hay una zona de taquilla solo para extranjeros (no me fijé si cobraban más aunque es muy probable). La entrada combinada con Pranbanan cuesta 750.000 rupias (unos 50€) y se puede pagar con tarjeta.

Una vez dentro recorres una explanada con árboles y jardines y según te vas acercando al templo tienes unas grandes vistas para sacar unas fotos.

Debía de ser época de vacaciones escolares porque había un montón de excursiones de colegios, un montón de niños correteando escaleras arriba y abajo. Lo más curioso es que se acercaban y pedían fotografiarse con cualquier turista blanco que se encontrasen. No sé si simplemente les llamábamos la atención o si esa fotografía fuese como un “trofeo” para presumir con amigos y famillia. Nos pasamos el día esquivando niños que nos perseguían con su cámara de fotos gritando “photo with me ,photo with me!!”. Hasta nos hicieron un par de robados, era imposible librarse del “acoso del escolar” 😀

El templo ciertamente es un edificio muy grande de forma cuadrangular alineado con los puntos cardinales. Representa el imaginario budista y metafóricamente es un ascenso desde el mundo terrenal hasta el nirvana. Hay 5 niveles y en cada uno se representan con grabados distintos episodios desde escenas de la vida cotidiana en los niveles inferiores a temas más espirituales según vas ascendiendo niveles.

Por los niveles también hay infinidad de hornacinas con budas haciendo distintos signos, como tranquilidad, reflexión, sabiduría…

Los relieves y grabados del templo están muy bien pero por comparar nos impresionaron bastante más los de Angkor Wat, mucho más abundantes y detallados.

Después de rodear el templo 4 veces y ascender los correspondientes niveles, ya estábamos listos para subir al último y alcanzar el nirvana. No fue exactamente el nirvana pero sí reconozco que nos impresionó mucho la parte superior con las enormes estupas (unos tejadillos de piedra en forma de campana) que coronan el templo.

Incluso aquí en el nivel más alto hay un ascenso a la espiritualidad. Las de la parte inferior tienen agujeros en forma de rombos, las intermedias en forma de cuadrado que representa mayor perfección y finalmente la gran estupa que corona el templo no tiene ningún agujero. Se dice que en su interior había una estatua de Buda en oro.

Nos pasamos un buen rato haciendo fotos entre las estupas y disfrutando la vista del valle que se tenía desde el nirvana.

Es imposible salir de Borobudur sin pasar por un interminable pasillo de puestos de souvenirs. Diría que nos llevó más de media hora recorrerlo y eso que no paramos en ninguno, fue una auténtica tortura. Al final nos estaba esperando nuestro chófer.

Tour por la lava

Para rellenar el día nos sugirieron hacer el Lava Tour, que también había visto en alguna de las guías y que nos pareció buena idea.

El tour consiste en visitar los ríos de lava arrojados en 2010 por un volcán muy cercano a Yogya. Según el chófer toda la ciudad quedó cubierta de cenizas y en las aldeas situadas en la ladera del volcán murieron 300-400 personas.

Nos llevó casi una hora desde Borobudur subiendo una montaña por una carreteruca estrecha, quiero decir aun más estrecha que las habituales. Al final llegamos a una explanda repleta de jeeps todoterreno…  y ahí nos dimos cuenta de que habíamos caído en una trampa para turistas. Efectivamente para visitar la lava era necesario subir en todoterreno. Por 1 hora de ruta nos cobraron 400.000 rupias (unos 24€). Al menos teníamos la esperanza de que mereciese la pena.

Pero no fue así. Lo que vimos fueron montones de piedras volcánicas como si fuese una cantera. De hecho había bastante gente sacando piedras de forma manual y se veían camiones parando a recoger la carga extraída de forma totalmente penosa. No sé cuanto podría ganar esa gente pero probablemente lo justito para subsistir.

Durante el camino nos hicieron el show de mostrarnos que la lava aun está caliente. En un lugar había una zona que estaba mojada (aunque no había manantial ni ninguna fuente natural de agua) y por un recoveco salía algo de vapor. Nos invitaron a acercarnos y comprobar que desprendía calor… Vale, sí que lo hacía pero era muy evidente que bajo las piedras había una manguera colocada por ellos mismos….

Nos intentaron parar a visitar un “museo” pero visto lo visto nos negamos a parar y les dijimos que continuasen el trayecto, lo cual hicieron con cara de pocos amigos.

Visitamos otro par de sitios en la montaña como una piedra de 3 o 4 metros de diámetro que se suponía había sido escupida hasta allí por el volcán. Lo mejor es que la llamaban la piedra del alien por su supuesto parecido con el famoso bicho de la película homónima. Desde luego había que echarle muuuucha imaginación.

Descontentos con la excursión volvimos finalemente a por nuestro coche para marchar de allí cuanto antes.

Lo único positivo fue que el Jeep era muy chulo, parecía uno de esos de las películas de guerra de los 60-70.

Prambanan

Desde el infame Lava Tour nos llevó casi una hora para llegar a Prambanan, los otros templos a visitar cerca de Yogya. En este caso es un conjunto de templos hindúes dedicados a 3 de sus dioses principales y a sus 3 “vehículos” o animales que los guían, lo que hace un conjunto de 6 templos principales flanqueados por un montón de templos más pequeños dedicados a otras deidades.

Los templos son muy chulos y merece mucho la pena la visita. Tuvimos ocasión de hacer infinidad de fotos desde distintos ángulos, desde cerca y lejos y en todos los casos las vistas eran encantadoras.

Lamentablemente cuando quisimos ir al restaurante del recinto éste estaba ya cerrando y no nos quedó más que comprar unos helados y unas patatitas para saciar el hambre. Afuera del recinto había algún warung (bar típico indonesio) pero preferimos volver a recrearnos en los templos.

Ciertamente estas dos visitas merecen mucho la pena, y se pueden hacer perfectamente en el día. Según que tipo de viajero seas puedes ir con una excursión organizada desde Bali u otro origen o incluso contactar y acordar con alguno de los coches con conductor que se pueden encontrar en páginas como Yogyes.com.

Vuelta al aeropuerto

Tras acabar la visita el chófer nos dejó en el aeropuerto. Tras la experiencia de la llegada esperábamos algo similar, pero sorprendentemente la zona de salidas tiene una zona de asientos para esperar bastante amplia rodeada de muchas tiendas y algún bar.

Lo que nos fue imposible fue encontrar un bar en el que tuviesen algo de cerveza para amenizar la espera. Es territorio completamente musulmán y parece que todo tipo de alcohol está prohibido en el aeropuerto. Afortunadamente en uno de los puestos quedaba una única lata de Guiness a la que nos agarramos como consuelo.

Con media hora de retraso salió el vuelo de Lion Air (45€) que nos llevaría a Bali.

curiosidades_redLion Air es una de las varias compañías que operan en la zona junto con AirAsia, Jetstar, Batik Air, Tiger o las compañías de bandera Garuda Indonesia, Malaysia Airlines o Singapore Airlines y su filial Silk Air.

Pero Lion Air no permite pagar sus billetes con una tarjeta que no sea de un banco indonesio por lo cual no es posible comprarlos directamente por Internet.

Investigando por la web llegué a una pagina indonesia que parecía de confianza y que realiza las gesiones en tu lugar y te permite hacer este tipo de compras. El enlace es: ticketindonesia.

Introduces los datos del vuelo que necesitas y ellos te informan del precio así como de la comisión que cargan. En este caso fueron 4 ó 5 €. Luego realizas el pago con tarjeta para confirmar y ellos te envían las reservas.

Una vez con la reserva ya puedes ir a la página de LionAir a hacer el check-in y todo el procedimiento habitual. La experiencia con esta página fue totalmente positiva.