Singapur

Pendiente de revisión, revisión ortográfica, fotos y enlaces.

Adios Indonesia

Un conductor concertado con la recepción del hotel nos llevó hasta el nuevo aeropuerto de Lombok por 275.000 rupias (17€). Creo que era un poco caro, pero por no ir a negociar fuera del hotel pagamos de más por la tranquilidad.

El viaje lleva algo más de una hora y pasa por las afueras de Mataram, capital de Lombok. Esta ciudad se ve muy poblada y con el mismo barullo que habíamos dejado atrás en Kuta por lo que parece poco atractiva. Al llegar al aeropuerto el taxista usó el viejo truco de “no tengo cambio” y finalmente se quedó con las 300.000 redondas (18€). Hasta los mismísimos…

Cogimos un vuelo directo a Singapur con Silk Air, la filial de Singapore Airlines por 150€ que tardó 2 horas y media. Había alguna combinación vía Jakarta más barata pero no merecía la pena la paliza adicional.

Esta aerolínea corresponde a su fama y nos trataron muy bien incluso con comida incluída en el trayecto. Como anécdota, nos “saltaron” el turno cuando ponían la comida y allí nos quedamos con cara de lelos como Carpanta. Llamamos a la azafata y enseguida nos trajeron la comida con infinidad de disculpas.

Singapur

Llegamos al grande y moderno aeropuerto de la ciudad-isla-estado de Singapur. Pasamos rápidamente el control de pasaportes para hallarnos en un inmenso centro comercial. Buscamos infructuosamente algún sitio para cambiar los ringgit malayos que aun nos quedaban y tras patearnos media terminal descubrimos un sitio donde nos dieron unos 37 dólares singapurenses.

Con parte de ellos pagamos el billete del metro que conecta el aeropuerto con toda la ciudad. El precio billete depende del trayecto y en este caso eran unos 2,8 dólares (1,8€). La primera parte del trayecto transcurre sobre superficie y permite tener una primera visión de Singapur. Muchos edificios residenciales y se nota a simple vista mucho mayor nivel de vida que en Indonesia. No en vano Singapur tiene una de las rentas per cápita más altas del mundo.

El hotel

La primera impresión al salir del metro fue la de calor asfixiante. Era mediodía y debía de hacer cerca de 40º con una alta humedad. Se hacía difícil estar en la calle, pero había que seguir caminando los 10 minutos que separaban la parada del metro del hotel.

En Singapur los precios de los hoteles son muy altos. Es difícil encontrar algo por menos de 120€ y relativamente céntrico.

Nuestro hotel era el Frangance Hotel Riverside, muy céntrico y con una pequeña piscina en la azotea (81€). La habitación era bastante moderna aunque… minúscula. Apenas había espacio a los lados de la cama para pasar. No lo recomendaría para estar varios días, pero para una o dos noches estaba muy bien en relación al precio.

Lo mejor la ubicación ya que se puede llegar caminando fácilmente a Marina Bay, a Chinatown o a Clarks Quay. Además hay 3 paradas de metro a menos de 10 minutos caminando.

Marina Bay

Tras refrescar un rato debajo del aire acondicionado salimos a conocer la ciudad. Cruzamos el río hacia la zona colonial donde están el parlamento y los edificios más antiguos de la ciudad, que datan de 1830 aproximadamente. Están impecablemente cuidados y restaurados en pintura blanca, y es que por esas fechas se celebraba el 60 aniversario de la independencia y la ciudad estaba de punta en blanco.

Siguiendo por la orilla del río cruzamos bajo un puente y llegamos a uno de los iconos de Singapur que es un león que representa la ciudad. En realidad la estatua no es grande pero lo mejor es el marco en el que está situada: la bahía de Singapur rodeada de grandes rascacielos y al fondo el impresionante hotel Marina Bay Sands.

Seguimos caminando por la orilla de la bahía en dirección a este hotel, pasando por una explanada por donde pasa el circuito de Fórmula 1 antes de cruzar por un curioso puente helicoidal que representa el ADN humano. Aprovechamos el camino para sacar un montón de fotos de toda la bahía.

Marina Bay Sands

El complejo del hotel Marina Bay Sands es impresionante. Sus 3 torres sustentan una plataforma con una piscina infinita con vistas a la bahía. Pero no solo eso, en sus bajos hay un enorme centro comercial con un montón de restaurantes de todos los gustos y categorías y un también enorme casino. Hay que decir que el alojamiento es caro pero no especialmente caro si lo comparamos con los precios en otros hoteles más “normales”. En estas fechas una habitación costaba unos 250€.

La piscina solo es accesible para los que se alojan en el hotel. No obstante se puede subir a un mirador que hay en el penúltimo piso (S$25 aprox. 16€). Pero es mejor aun subir al bar del último piso (entrada gratuita) y disfrutar de las vistas mientras se toma un cóctel (S$24). ¡¡Chollazo!! Hay que comentar que al lado hay un bar mirador más exclusivo al que solo se permite acceder con vestimenta de etiqueta.

Arriba las vistas son impresionantes y se puede ver todos los rascacielos de la bahía. Más impresionante aún si coincide al atardecer viendo encenderse todas las luces de la ciudad. Ojo, a las 8 echan del bar a todos los que no vayan de correcta etiqueta.

Curiosamente desde este bar se puede cotillear la piscina de la azotea que estaba más llena que la playa de Benidorm en pleno agosto. Me alegré de no haber pagado por alojarme allí ya que la piscina será todo lo espectacular que quieran, pero de exclusiva no tiene nada.

Bajamos del cielo de Singapur para ver un espectáculo de fuentes de agua que tiene lugar justo delante del Marina Bay todos los días a las 8 de la tarde. No nos pareció muy atractivo así que puede ser una visita prescindible.

Rodeando Marina Bay

Seguimos caminando rodeando Marina Bay. Es un bonito paseo con zonas de sombra para el asfixiante calor del mediodía. Debajo de estas sombras al atardecer se juntan grupos de gente para hacer yoga, aerobic y otras actividades. Aun siendo el atardecer aun hacía mucho calor ¡¡vaya ganas!!

Tomamos un par de cócteles en una terraza de un restaurante italiano al pie de la bahía. Como ya decía, Singapur es caro y nos cobraron S$35 (24€) por ambos.

Justo enfrente del Marina Bay Sands se encuentra el hotel Fullerton, uno de los más lujosos de Singapur. El edificio de la época colonial es muy señorial. Como curiosidad hay un paso subterráneo bajo la avenida que te mete directamente en el hotel pudiendo visitar alguno de los salones de recepción. Aunque me temo que camisetas y chanclas no es el atuendo más apropiado a tan regio hotel 🙂

Los quays

A lo largo del río que desemboca en la bahía han recuperado los antiguos almacenes de los muelles que ahora funcionan como bares y restaurantes. Allí se junta mucha gente tras el trabajo convirtiendo los Quays en zonas muy animadas.

Hay restaurantes de todo tipo, muchos de ellos ofrecen marisco a granel con una pinta muy poco atractiva. Finalmente cenamos en un hindú llamado Maharajah que estuvo bastante correcto sin ser tampoco para recordar (S$96 aprox. 62€).

Chinatown

Al día siguiente fuimos a pie desde el hotel hasta la famosa Chinatown. Es un barrio con unas cuantas calles que son todas ellas mercadillo de todo tipo de ropa, cacharros y souvenirs.

Como lugar visitable hay una enorme pagoda budista, el Templo de la Reliquia del Diente de Buda. El interior tiene varias plantas. En la inferior había un constante canto budista que resonaba por todo el edificio. Las diversas plantas eran todas muy lujosas con numerosas decoraciones de oro.

Para financiarse parece que esta iglesia vive de donaciones y de vender mausoleos a las familias. A mayor tamaño, más caros. En las paredes estaban expuestos los precios sin ningún pudor, y los más grandes costaban más de S$30.000 al año (unos 20.000€). Y había unos cuantos de ellos. Así normal que el oro luciese por doquier.

Volviendo a Chinatown cerca del templo hay un edificio que es un food market consistente en un montón de puestos de comida y unas mesas en el patio central de tal manera que cada uno compra la comida donde quiera y la gente se sienta toda junta. Este food market de Chinatown era quizá demasiado para locales y a priori no inspiraba confianza. En todo caso apetecía más estar en la calle.

Fuimos a la calle de comida de Chinatown. Allí había un montón de restaurantes con terraza y en medio de la calle un montón de puestos con mesas en plan food market. La comida lógicamente era china y según el puesto tenía pinta más o menos apetecible.

Comimos en uno al azar que nos dió buena pinta, el Hunan Cuisine. Al sentarnos nos dieron la carta con apenas el nombre del plato en inglés, así que nos guiamos por las fotos. Están especializados en la cocina de esta provincia china donde nació Mao Zedong, cuyas fotos decoran todo el local.

La comida nos sorprendió en cuanto a sabores, que eran los típioos de la comida china pero con un toque mucho más picante que nos gustó mucho. La cuenta venía en un ticket en perfecto chino y nos salió por S$76 (unos 50€).

Y ya sin apenas tiempo para más gastamos los últimos dólares en souvenirs y con gran pena fuimos al hotel a recoger las maletas para dirigirnos al aeropuerto.

Casi llorando por el fin del viaje nos subimos en el A380 de British Airways que nos llevaría a Londres, donde enlazamos hacia Madrid y finalmente a casa.

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