Las Gili

Pendiente de revisión, revisión ortográfica, fotos y enlaces.

Llegada a Gili Trawangan
Como decíamos el barco desde Bali nos dejó en la playa. En las islas Gili está prohibido el tráfico tanto de coches como de motos, por lo que los únicos medios de transporte son la bicicleta y unos carros tirados por caballos llamdos cidomo.

Gili Trawangan (o Gili T como dicen allí) es la más grande de las tres islas Gili. Aun así tan solo mide unos 4 km de largo y 3 km de ancho, lo que la hace muy fácil de recorrer en bicicleta.

El “puerto” está situado en la costa este y el hotel elegido en la costa oeste lo que nos obligaba a buscar un cidomo para llevarnos a nosotros y nuestro equipaje. Nada más salir del barco había uno esperando que nos pidió 75.000 rupias (unos 4,5€) por ir. No quiso regatear y como era el primero al que preguntábamos decidimos buscar otro caminando por el pueblo. Los dos siguientes que encontramos disponibles nos pidieron 100.000. Llegados a un cruce, no veíamos ningún cidomo y salió una chica del hotel Villa Bela a ofrecernos alojamiento. Le preguntamos por el transporte y nos dijo que lo normal es llamarlos, y amablemente se ofreció a hacerlo ella misma. Al cabo de unos minutos vino un señor con un cidomo y nos llevó al hotel por 100.000 rupias, que luego veríamos que sería el precio estándar por ese trayecto.

El cidomo es un carro estrecho en el que apenas caben 3-4 personas o en nuestro caso 2 con equipajes. La mayoría de caminos de la isla son superbacheados así que nuestras nalgas sufrieron cada uno de los viajes que hicimos en el carro.

Por fin el hotel

Optamos por el hotel Ombak Sunset por su situación en la costa oeste de Gili Trawangan. El hotel en sí es un resort que ocupa bastante superficie con una gran piscina, bungalows individuales y algún edificio de habitaciones que se integran bastante bien en el entorno. Además tiene una zona de playa con muchas tumbonas y bar y restaurante en la misma arena.

Las habitaciones se les ve un pelín envejecidas y algo desangeladas ya que a pesar de ser muy amplias no tienen ninguna decoración en forma de cuadros o zona de estar, pero están limpias así como el baño. Al estar rodeado de selva no es infrecuente ver algunos bichos por el pasillo. En la habitación dispones de un fumigador perfumado que evitará que entren los mosquitos.

La piscina es muy grande con bastantes tumbonas y le da el sol todo el día hasta el atardecer. Hay un servicio de toallas que puedes usar tanto para la piscina como la playa.

Lo mejor aquí son los atardeceres, ya que al estar en la costa oeste el sol se pone por este lado sobre el mar y con el telón de fondo incomparable del monte Agung de Bali. Disfrutamos todos los días de los atardeceres en alguna de las tumbonas de la playa y acompañados de unos cócteles, ya que precisamente hacen happy hour desde antes del atardecer con un 2×1 en cervezas y cócteles. Hay que decir que al atardecer se concentran en la costa oeste (la sunset coast) gente de toda la isla.

En el propio hotel hay un servicio de alquiler de bicicletas (75.000 rupias al día). Las bicis son muy nuevas y no nos dieron ningún problema.

Cenamos y comimos varias veces en el restaurante. Tienen varios platos indonesios que estaban muy buenos y bien preparados. A destacar unas gambas en salsa picante (no recuerdo el nombre indonesio) fresquísimas y para chuparse los dedos aunque ¡cuidado con el picante!

Maravillosos desayunos

Dado que en el hotel no nos entraba el desayuno con la habitación aprovechamos para coger la bicicleta y explorar los lugares cercanos.

Desayunamos varios días en el Gili Eco Resort. Tiene un trozo de playa casi virgen con arena muy blanca, unos pocos árboles que dan algo de sombra y un par de gazebos donde nos ponían el abundante y muy rico desayuno (entre 50 y 60.000 rupias) con huevos, tostadas, fruta fresca, zumo de fruta, cafés… genial.

Posteriormente nos quedamos tumbados en alguna de las hamacas bañándonos y contemplando el paradisíaco paisaje.

A destacar la amabilidad del personal en especial del siempre sonriente encargado, que parecía encantado de que volviésemos a diario.

Otro sitio donde fuimos a desayunar un día es el Gili Teak. Un lugar también idílico alejado del modelo de resort y en el que nos pusieron el desayuno (60-65.000 rupias) en la misma playa. Nos pareció un lugar encantador incluso para alojarse.

¡Peces de colores!

Tratándose de una isla no cabe duda de que las actividades estrella son las relacionadas con el agua. Y por encima de todo el snorkel y el buceo ya que las islas se asientan sobre arrecifes coralinos lo cual atrae una innumerable cantidad de peces tropicales.

El primer día de estancia en Gili nos apuntamos a una excursión de snorkel (100.000 rupias incluyendo equipo). La excursión es un barco que parte desde la playa en el bar Sama-Sama y que te lleva a 4 puntos situados alrededor de las 3 islas.

Qué decir del snorkel en las Gili. Fantástico. A la magnífica temperatura del agua se une que son absolutamente cristalinas y que hay mucho coral a muy poca profundidad, con lo cual es muy fácil observar su colorido y disfrutar con los bancos de peces tropicales amarillos, azules, verdes que pueblan las aguas.

Al mediodía paramos a comer en la isla de Gili Air, por supuesto nos dejaron en un puesto que tenían acordado previamente aunque te podías ir a otro sin problema. Aprovechamos para recorrer un poco el pueblo, que nos dió la misma impresión que el de Gili T pero más pequeño.

El último snorkel de la jornada fue entre Gili Meno y Gili T y era recorrer la barrera de coral que las separa y también ver un hundimiento que hay allí aunque al final resultó que no era un barco sino un muelle artificial que por algún motivo tuvieron que desechar y acabó allí en el fondo. Alredeor del mismo crecen lentamente los corales y los peces también se encuentran a sus anchas, aunque finalmente este fue el sitio que menos nos gustó de todos.

En definitiva una excursión que mereció muchísimo la pena y que no hay que dejar de hacer.

Más peces de colores… ¡y tortugas!

Habiendo tantos arrecifes de coral y peces que ver es lógico que las Gili sean un paraíso para el buceo y que haya unos cuantos centros dedicados a ello. Aprovechando que ya tenemos el titulo PADI nos animamos a la experiencia.

Contratamos con la empresa Lutwala, situada en la parte noroeste de Gili T y de la que habíamos visto buenas críticas. Cada inmersión cuesta 500.000 rupias más unas tasas gubernamentales para conservar el parque natural. Al final nos salió por unos 37€ cada inmersión. Suelen hacer inmersiones diariamente a las 9, 11:30 y 14:30.

El primer día fuimos al conocido como Turtle Point, entre Gili T y Gili Meno. Tuvimos la suerte de contar con Ramón como instructor. Es un chico de Barcelona que lleva unos meses trabajando aquí. Fue muy paciente con nosotros y nos ayudó mucho lo que agradecimos ya que hacía un par de años que habíamos hecho el curso y por lo tanto teníamos que refrescar algunos conocimientos.

El Turtle Point es un sitio magnífico de buceo. Infinidad de corales de colores y formas, con multitud de peces nadando entre ellos. No podría describir con justicia la belleza de aquél lugar. Y, de vez en cuando, haciendo honor al nombre del sitio ¡una tortuga! moviéndose de forma majestuosa en el agua.

Estuvimos tres cuartos de hora largos, y tras superar los nervios iniciales disfrutamos cada rincón que vimos.

Volvimos otro día y en esta ocasión nos llevaron a otro lugar llamado Halek. No nos tocó con Ramón de instructor sino con unos chicos australianos a los que entendíamos con dificultad y que no estuvieron tan pendientes.
El sitio era bastante más difícil al menos para nuestro nivel de experiencia. Es una pared coralina pero el problema es que había una fuerte corriente que te lleva en paralelo a la pared. En principio basta dejarse llevar, pero al ser la primera vez que experimentábamos eso tardamos en acostumbrarnos.

En esta zona buena parte del coral está destruido por la pesca con dinamita que se practicaba aquí hace años. Una pena, ya que muerto el coral apenas se ve ningún pez. Si bien la parte inicial era muy interesante, luego tan solo algunos lugares sueltos lograron nuestra admiración. En conjunto nos gustó muchísimo más el Turtle Point.

Dolce far niente

Y el resto del tiempo lo dedicamos a disfrutar de las maravillosas playas, de los atardeceres, de los cócteles en la happy hour y en 3 ocasiones nos acercamos por la tarde-noche hasta el pueblo en la costa este también para tomar algo y cenar.

Un día pasamos en bicicleta por delante del Scallywags y nos gustó su concepto “supermercado” donde una vez tienes mesa puedes ir a la parte de “pescadería” y elegir tu pescado o marisco que te hacen allí mismo a la brasa. Por la noche fuimos a cenar.

Tras esperar unos minutos en la barra nos dieron una mesa al lado del mar. Además la decoración aporta un cierto toque romántico y elegante. No cabía mejor lugar.

Pedimos un entrante que eran calamares rebozados. Estaban bien y lo mejor fue la salsa tipo alioli que los acompañaba. De principal pedimos una langosta a la brasa para compartir. El problema es que vino demasiado braseada, en algunas partes incluso chamuscada. Por lo que vimos es habitual tanto aquí como en otros sitios pasar las cosas mucho por la brasa. En todos los sitios utilizan una madera para la parrilla que aporta un intenso aroma a ahumado, que generalmente no nos gustó. No obstante la langosta era fresquísima y de allí no quedó ni la muestra.

Con una botella de vino blanco la cuenta salió por algo más de 1.100.000 rupias (65€), lo que no es especialmente barato pero considerando que se comió langosta fresca y además con vino (muy caro en toda Indonesia) nos parece razonable.

Está en la parte sureste de la isla junto a otros restaurantes y hoteles de calidad en Gili Trawangan. Al contrario en la zona noreste los bares tienden más a chiringuito playero de ambiente reggae, y allí incluso te ofrecen unas “mushroom” unas setas alucinógenas que están de moda.

El Kokomo está en la parte sur de Gili Trawangan y nada más llegar se nota el trato de exquisita elegancia por parte del personal, incluso yendo en camiseta y chanclas y llegando a la entrada en bicicleta. ¡¡El camarero incluso nos aparcó las bicis él mismo!!

Las mesas tienen todas velas, unas lámparas muy chulas y de luz ténue y una música tranquila que lo hacen un sitio muy romántico junto al mar.

Nos gustó mucho la comida así que finalmente cenamos allí un par de noches. Algunos platos de los que probamos:
– Atún al estilo de Tahití. Buen atún, se notaba fresco, hecho en su punto justo (ni pasado ni crudo). 🌟🌟🌟🌟
– Cola de langosta. Otro intento para valorar el marisco local, aunque acostumbrados al del norte de España, este no está tan bueno. 🌟🌟🌟🌟
– Sashimi. Buenísimos tanto el atún como sobre todo el salmón. El wasabi era auténtico (no la pasta que suelen servir) y estaba muy picante a poco que te excedieras en la cantidad… ¡cuidado! 🌟🌟🌟🌟⭐
– Muscovy duck. Pato con una salsa dulce bastante rica. El plato era muy abundante. 🌟🌟🌟🌟
– Gambones y vieiras. Las gambas muy frescas. En general están mucho mejor en Indonesia las gambas que la langosta. 🌟🌟🌟🌟

La cuenta con unas copas de vino en torno a 900.000 rupias (50-55€) en cada ocasión. Teniendo en cuenta tanto la localización como la comida como la atención recibida nos pareció que Kokomo bien merece una visita. Recomendado.

Finalmente nos encontramos tan a gusto en esta isla que alargamos nuestra estancia a 5 noches. Esto sí es lo que nos esperábamos encontrar el venir a Bali.

¿A qué Gili ir?
Leyendo las guías e internet hay una serie de opiniones comunes sobre las 3 islas Gili: son preciosas, Gili Trawangan es muy fiestera, Gili Meno es muy tranquila y Gili Air es un intermedio.
Como queríamos evitar una nueva Kuta teníamos cierta prevención a ir a Gili T. No obstante mirando varias opiniones y la situación de hoteles y restaurantes en el mapa de la isla, decidimos alojarnos en un hotel en la costa oeste de la isla. Al parecer todo el meollo de la fiesta se concentraba en la costa este.

En cuanto a Gili Air, apenas pusimos el pie en tierra aunque nos dió una impresión similar a Gili T: una zona donde se concentran casi todos los bares, hostels y chiringuitos, y el resto de la isla más tranquila. En el caso de Gili Air probablemente la zona de marcha sea bastante más pequeña, resultando en una isla más tranquila.

Nuestra recomendación sería ir a Gili T pero alojarse en cualquiera de los hoteles o bungalows que se encuentran en la poco poblada y tranquila costa oeste de Gili T. Mucha tranquilidad, playas casi vírgenes y puedes acceder a bares y restaurantes si te apetece.

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