Bali. Nusa Lembongan

Hoy nos decidimos por hacer una excursión a la cercana isla de Nusa Lembongan, visita muy recomendada por varias personas que habíamos encontrado durante el viaje.

La ida

Para llegar a Lembongan hay que coger unos barcos que salen del puerto de Sanur, en la parte sur de Bali cerca del aeropuerto, y te llevan aproximadamente en media hora hasta la isla. Hay varias compañías aunque interesa buscar una con cierta calidad y que tenga las medidas de seguridad apropiadas (chalecos salvavidas, botes inflables, extintores, etc.). Al final es probable que en la negociación con los agentes de viajes te la intenten liar y meterte en un barco más barato a precio de caro, así que hay que andarse con ojo.
Al final el desplazamiento ida y vuelta con transporte desde y hasta el hotel nos salió por 500.000 los 2 (30€). Es probable que un taxi y comprar el billete directamente en el puerto fuese más barato. Siempre quedan esas dudas con el eterno tema del regateo.

En el trayecto coincidimos con una pareja de rumanos que estaban de vacaciones por la zona y que se mostraron entusiasmados con ¡Tenerife!. Por lo que contaban eran bastante viajeros ya que también habían estado en Zanzíbar entre otros sitios. Nos recomendaron encarecidamente que visitásemos Rumanía pero no solo Bucarest. Eso sí, nos dijeron que no esperásemos que fuese un país barato.

Aventura… ¡en moto!

Una de las cosas buenas de Nusa Lembongan es que apenas hay coches. El principal medio de transporte es la moto y como no hay mucha población tampoco hay un excesivo número de ellas.

La isla es suficientemente grande como para que la bicicleta nos limitase el recorrido, y además como vimos después tiene una montaña en medio por la que hay que pasar para atravesar hasta el otro lado.

Así que viendo que no había mucho tráfico nos aventuramos a alquilar una moto ¡y eso que no había cogido ninguna en mi vida! Total no podía ser mucho más difícil que una bicicleta, y yendo despacio la torta no sería importante… 🙂

Al final la alquilamos para todo el día incluyendo gasolina por 70.000 rupias (4,5€). No sé si cara o barata pero mucho menos tampoco iba a ser y no quería gastar más tiempo en el regateo.

Mangrove Point, ¡por fin Bali!

Primero nos dirigimos a la zona noreste, conocida como Mangrove Point. Efectivamente esta zona está cubierta por manglares tanto en el mar como en unos entrantes de agua hacia tierra. Hay dos razones principales para ir allí, visitar los manglares en una excursión en barca y hacer snorkel en las aguas costeras.

Antes de llegar al Mangrove Point hay un señor en un cruce de carreteras que para a todo turista que pasa y le cobra una “entrada al parque natural”. La verdad es que parece todo muy chabacano para ser oficial aunque nos dió un recibo preimpreso que tenía buena pinta y que costaba 3000 rupias (0,15€) por cabeza, así que no merecía la pena ni discutir…

En Mangrove Point hay una larga sucesión de chiringuitos, warungs y alojamientos sencillos al pie de la playa. Preguntamos en varios de ellos, lo habitual es que te ofrecieran la excursión completa a los manglares o bien salida en barco para hacer snorkel (sobre 150.000 por cabeza aunque se podía regatear). Al final dimos con el Nano Nano cuyo propietario fue amabilísimo y nos ofreció además la posibilidad de alquilar solo las máscaras de snorkel (30.000 rupias) e ir nadando hasta la zona ya que estaba cerquísima de la costa como comprobamos al ver allí los barcos de las excursiones. A este simpático indonesio no se le veía interesado tan solo en nuestro dinero como sí aparentaron los otros.

Así que nos calzamos las aletas, la máscara y el tubo (y yo el chaleco salvavidas, que para el agua soy un miedica) y nos lanzamos al agua. La primera parte fue nada interesante, el agua apenas tenía profundidad y estaba todo con algas y sin visibilidad. Sin embargo tras alejarnos 50m el panorama empezó a cambiar y ya empezamos a ver algunos corales y peces. Cuando alcanzamos la zona de los botes disfrutamos un montón con la cantidad de colores que desvelaba el fondo del mar. Al no haber mucha profundidad, quizá entre 2 y 5 metros, se veía todo muy cerca. Multitud de peces de colores por todos lados y también corales.

Pasamos un buen rato en el mar y más que nos hubiésemos quedado ya que la temperatura del agua era ideal y no hacía ni pizca de frío, pero llegó un momento en que ya empezamos a cansarnos y decidimos volver.

En la orilla nos tomamos una cerveza tumbados en la playa del Nano Nano mientras disfrutábamos de las vistas de la playa y el manglar, y allí pensamos que habíamos llegado al verdadero Bali. ¿Por qué no quedarse en una de esas cabañitas al lado del mar? Sería lo que tendríamos que haber hecho de mano, de haberlo sabido.

Dando la vuelta a la isla

Con pena marchamos de aquél lugar y nos dirigimos al Panorama Point para comer allí ya que nos lo habían recomendado. Pero nos equivocamos de carretera y acabamos en la otra punta de la isla, muy cerca del puente que une Lembongan con Nusa Ceningan, una islita aun más pequeña que al final no visitamos. Seguimos recorriendo la costa suroeste y paramos en uno de los warung que había en la costa, con fenomenales vistas y allí comimos.

Hay que decir que este warung tenía precios de turista y por cada plato cobraba unas 70.000 rupias más 25.000 por cada cerveza. Sin embargo estaba todo muy bueno y disfrutamos tanto de la comida como de la ubicación.

La coqueta Dream Beach
Siguiendo la costa llegamos a Dream Beach, otro punto significado de la isla. Es una pequeña cala de arena muy blanca que no está muy concurrida a pesar de tener un hotel con buena pinta en el pico de la misma. Allí sacamos la toalla y estuvimos tomando el sol y bañándonos encantados durante un par de horas.

Impresionante Panorama Point
Ya tocaba volver al puerto para tomar el barco de regreso. Esta vez sí acertamos  pasar por Panorama Point y ciertamente hace honor a su nombre. Vaya vista impresionante de la playa de Nusa Lembongan con el monte Agungi, el más alto de Bali, impresionante al fondo. Para no perdérselo.

Vuelta encantados de encontrar a Bali
A la vuelta los del barco decidieron hacer un poco de cachondeo e iban “saltando” las olas. Afortunadamente el mar estaba bastante calmado, pero no nos hizo ni pizca de gracia la actitud…

En el barco conocimos a Rosa, una simpática gallega que lleva un tiempo en Bali. Su novio y algunos socios están abiendo un negocio de bungalows en Nusa Lembongan, llamados Planet Nomada. Si pensais ir por esta isla y quedaros (cosa que recomendamos) echadle un ojo por si acaso.

Un acierto total esta excursión a Nusa Lembongan. De hecho nos hubiera gustado quedarnos al menos una noche quizá en una de las cabañas de Mangrove Point. Al fin tras varios días de desilusiones habíamos dado con la Bali que teníamos en nuestras cabezas y en nuestras ilusiones.

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