Bali. Ubud

Desde el hotel nos organizaron una excursión de medio día (5 horas) a Ubud, por 400.000 rupias. Por internet habíamos visto precios algo inferiores pero preferimos la comodidad de no tener que buscar.

Ubud está en el interior de Bali y es famosa por representar mejor la espiritualidad y el arte balineses, con infinidad de templos, selva y terrazas de arroz. Eso es lo que intentaríamos captar, aunque fuese someramente, en esta corta excursión.

Danza balinesa
Salimos a eso de las 8:30 para toparnos con el eterno atasco de tráfico de Seminyak y Denpasar. Eso hizo que nos llevase casi una hora hasta la primera parada: una exhibición de bailes típicos balineses.

En una especie de teatrillo para turistas nos hicieron la representacion de la danza del Barong, un dragón que simboliza el bien, y el Rangda, la bruja que simboliza el mal (entrada 80.000 rupias). El espectáculo, más bien un teatro musical, estuvo bastante bien y además de los personajes con sus disfraces coloristas salieron también un par de bailarinas balinesas. Curiosamente contra lo que me esperaba la danza balinesa es un tipo de danza muy estática y gestual.

Una pequeña banda tocaba música de gamelan (unos instrumentos de percusión de sonido peculiar) como acopañamiento durante toda la representación.

A pesar de que evidentemente era un montaje para turistas, nos gustó el evento y salimos contentos.

Artesanía batik

No tanto de la siguiente parada que era para enseñarnos el arte de confección batik también típico de Bali. Este arte consiste en cubrir las telas con cera formando los dibujos deseados y posteriormente teñirla de un color que se fija solo en las zonas no cubiertas con cera. Y así en sucesivos pasos hasta obtener el resultado final. Una técnica curiosa.

La parte mala de esta visita surge cuando te llevan a la tienda llena de pañuelos, pareos y manteles supuestamente hechos a mano (por ello tienen precios desorbitados) y que resulta que no se parecian en nada a los que habiamos visto hacer a mano en la fábrica…
Estos de la tienda tenían todos unos dibujos simétricos sospechosamente iguales. En fin, típica visita turisteira.

La prenda típica balinesa es el sarong, como ya habíamos visto en los bailes y que visten tanto hombres como mujeres. Es un pareo que se ata de una forma particular que no conseguí aprender. Los hay de distintos colores y dibujos variando según la región.

La “fábrica” de plata

Continuamos la ruta en coche siguiendo por unas carreteras estrechas que serpenteaban por un contínuo de calles, templos y tiendas sin fin. No se veía nada de selva ni arrozales. Todo era cemento, polvo y vehículos.

La más curioso del camino fue comprobar que cada casa tiene un templo que realmente ocupa la mayor parte de la vivienda, con la extensión de cada ciudad se multiplica al menos por dos. El guía nos explicó que la isla de Bali es mayoritariamente hinduista y que cada familia tiene que tener su templo dentro del recinto de su casa, cuanto más grande mejor (significa mayor capacidad económica). Además hay un templo común en cada barrio, otro mayor en cada ciudad y uno enome en la capital para todo el país. Así pues todo el camino es una sucesión de templos.

Uno de los pueblos por los que pasamos estaba especializado en el trabajo en piedra. Todas las tiendas tenían un terreno enorme lleno de montones de estos templos de todos los tamaños listos para vender. Desde luego hay un buen negocio alrededor de esto.

La siguiente parada fue en otro de los pueblos aledaños a Ubud, en este caso especializado en el trabajo de la plata. Esta parada fue más turisteira si cabe ya que la demostración sobre la fabricación artesanal de objetos de plata apenas existió y la chica prácticamente nos metió a empujones en la tienda. Allí efectivamente había un montón de joyería en plata, pero los precios eran más altos que cualquier mercadillo o joyería en España. Así que salimos corriendo dejando a la dependienta con un visible enfado.

Ya hartos de turistadas le comentamos al chófer cambiar las visitas que quedaban (como la de artesanía en madera y otras de la misma categoría) por otras actividades, como visitar las terrazas de arroz, pero el chófer no estaba por la labor, dijo que aquello quedaba al norte de Ubud y se tardaba muchísimo en llegar, que nosotros habíamos contratado la excursión “half day” y que si queríamos ver las terrazas había que contratar la “full day” (por supuesto más cara). Pues nada, a aguantarse.

Monkey Forest

En cambio no puso pegas para llevarnos al Bosque de los Monos (Monkey Forest) y allá fuimos, así al menos veríamos algo de naturaleza.

En este caso acertamos, el Monkey Forest (30.000 rupias) resultó un recinto de selva tropical bastante extenso con multitud de plantas y árboles donde los monos campan a sus anchas en grupos y familias. Dentro del bosque perdidos entre las lianas y palmeras hay varios templos de piedra llenos de estatuas de monos en distintas posturas, el conjunto nos recordaba a esas películas de náufragos que llegan a una isla tropical habitada solo por monos y salvajes. Los monitos están por entre los arboles y los templos o caminos a su aire y no molestan a la gente ni intentan quitarte objetos o comida. Tienes la posibilidad de comprar unas bananas y alimentarlos directamente de tu mano o hacerte una foto con ellos subidos al hombro, son muy amistosos y simpáticos.

Dentro del bosque hay un paseo de pasarelas de madera entre la vegetación que baja a un río donde hay un templo pequeño y muy bonito por el enclave, y allí ves a los monos divertirse chapoteando en el agua.

Bonita visita que mereció la pena.

Y ya no dió para más la media jornada. Al final con tanto tráfico la mayor parte del tiempo lo pasas en el coche.

Impresión final

Aunque la danza y la selva o incluso la fabricación de telas fueron visitas interesantes y nos gustaron, lo que no nos gustó de nuevo fue comprobar que el “auténtico Bali” consiste en un barullo de tráfico, ruido y casas feas. No conseguimos ver nada de verde en las 2 h de viaje en coche desde el sur al interior, todo era cemento salvo el bosquecillo de los monos. Quizá sea más apropiado alojarse en la propia Ubud y perderse por cuenta propia en las carreterillas del norte de la isla. Al menos por la parte sur creemos que no merece la pena.

El resto del día lo pasamos entre la piscina y la playa, y por supuesto tras el relax y descanso por la tarde-noche salimos un rato por Seminyak.

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