Yogyakarta

Esperpento en el aeropuerto

Un vuelo de AirAsia (120€) nos dejó tras 2 horas y media en la ciudad de Yogyakarta. No hay que confundirla con Jakarta, capital de Indonesia. Yogyakarta (o Yogya como la llaman los indonesios) es la tercera o cuarta ciudad más grande de la isla de Java con unos 5 millones de habitantes.

La zona de llegadas del aeropuerto es… la más cutre que he visto. Una pequeña sala-pasillo de unos 15 metros de largo y no más de 4 de ancho en donde todos los pasajeros de todos los aviones han que pasar el control de pasaportes y obtener el visado de entrada. A pesar de lo pequeño, como no hay nada indicado, es muy fácil saltarse el puesto del visado al que te dirigirán cuando llegues sin él al control de pasaportes. El visado te lo dan en el acto previo pago de 35 dólares o equivalente en otras monedas (por ejemplo aceptan euros o ringgit).

Una vez pasado el control y en la misma sala-pasillo está la única cinta de equipajes, de unos 3 metros de largo y que es líneal. Quiere decir que al llegar la maleta al final de la cinta se cae al suelo amontonándose con las anteriores. Allí en ese pequeño espacio se forma un revuelo de pasajeros intentando rescatar su maleta.

En menos de 2 metros de distancia está el control de equipajes formado por un único funcionario con lo cual el tapón de gente es fenomenal. Ya superado con mucha paciencia se acaba la zona de llegadas con una mesa para el cambio de moneda y otra para reservar un taxi.

Por el taxi al centro nos cobraron 130.000 rupias, según dijo era tarifa estándar. Estoy seguro que fuera del aeropuerto sería posible negociar incluso por la mitad, pero tras la odisea de la llegada ya no apetecían más sorpresas ni peleas.

Al hotel
El taxi nos fue llevando por los 12 km que separan el aeropuerto de nuestro hotel por un contínuo de casas, tiendas, infinidad de motos y coches que hacían cada avance una proeza. Bienvenidos al caos. Esta sensación de exceso de tráfico, ruido y desorden no nos abandonaría en Yogya.

hotel_redNos alojamos en el hotel Griya Wijilan, en una bocacalle de la calle Wijilan cerca del palacio del sultán, el Keratón.

El hotel es muy acogedor y parece todo muy nuevo e impecable. Un grato contraste con la fealdad y desorden de Yogya.

El hotel de planta baja tiene tan sólo 8-10 habitaciones en torno a un patio central con un pequeño estanque que lo hacía todo muy agradable.

Nos trataron exquisitamente en todo momento, ayudándonos con las excursiones.

Como comentaba está muy cerca del palacio del sultán, a un par de km de la calle Malioboro, uno de los centros de bares para turistas, y a otros 3 km de la calle Prawirotaman, también centro de bares de turistas. No es quizá la mejor situación pero un becak (típico transporte tirado por bicicleta) por 20 o 30.000 rupias (1-2 €) te lleva a los sitios antes mencionados.

Comentar que para el pago sólo admiten efectivo, no tarjetas. Una noche nos costó 350.000 rupias (unos 24€).

En resumen un buen sitio para alojarse y una gran atención.

La fea Yogya
El atento recepcionista se ofreció a acompañarnos al palacio del Keratón por un atajillo detrás del hotel. Fuimos con él y pudimos empezar a ver como eran las casas y hogares en Yogya. Tras uno de los recovecos había dos hombres sentados hablando y uno de ellos estaba acariciando una serpiente como si fuese un gatito ¡¡qué miedo!!.

Llegamos a la explanada que hay delante del palacio. En realidad es un pedregal ya que no queda ni rastro de césped rodeado de unos cuantos puestos de souvenirs y comida. Pero está todo tan descuidado que no apetece nada estar allí.

La entrada al palacio está en el lateral derecho según se mira de frente. No está señalada para nada. Ojo porque suele haber timadores que te lían para convencerte de que hay otra entrada y sacarte un dinero.

Al final no pudimos visitar el palacio ya que las visitas finalizan a las 2. No obstante lo que se veía desde fuera no parecía que estuviese nada cuidado y no nos dió ninguna pena no poder visitarlo.

Intentamos comer algo por la zona, pero no nos atrevimos a entrar en ningún warung ya que parecían demasiado desastrados. Tras un rato caminando bajo el calor húmedo agotador nos subimos a un becak y le pedimos que nos llevase a un restaurante (restoran en indonesio). Al final nos llevó cerca de Malioboro lo que le llevó un buen rato de bicicleta.

restaurante_redEl restaurante Bladok era parte de un alojamiento. Era de aspecto sencillo pero comimos un par de platos bastante ricos por unas 35-40.000 rupias cada uno (3-4 €) que nos liberó del hambre que llevábamos encima.

Otro becak nos llevó hacia el hotel pasando por Malioboro. Nuevamente nos pareció un auténtico barullo y no sé donde podían estar los bares y restaurantes que mencionan las guías. Quizá en el enorme centro comercial que ocupa varias manzanas de la calle.
Ya cerca del palacio Keratón hay dos edificios tipo fortaleza que ahora albergan unos museos y que es lo único digno de fotografiar que vimos.

Después de descansar y recuperarnos de la negativa impresión cogimos otro becak que tiraba un pobre viejecillo con muchas ganas y fuimos a la calle Prawirotaman a tomar algo en alguno de los bares de la calle. Al viejecillo le dimos una propina y parece que con eso arregló el día pues puso una sonrisa y se marchó con su bici sin esperar a que se montase ninguna otra persona.

En esta calle lo que encontramos fueron hostels u hoteles con una zona de bar-restaurante con un aire más occidental aunque no mucho, pero al menos ves algún turista y nos encontramos más cómodos.

Quizá estemos demasiado occidentalizados y cómodos en nuestras ciudades y países, pero ciertamente Yogyakarta me pareció de lo más feo e inhabitable de lo que haya visto.

Una inesperada buena cena

restaurante_redEn una calle cercana a Prawirotaman se encuentra el restaurante Kesuma. Ni la calle ni la misma puerta del local invitan a entrar, pero una vez atraviesas la puerta todo cambia. Hay una especie de jardín-selva con plantas, árboles y un estanque y el restaurante ocupa un edificio hecho en bambú con muchos detalles de artesanía de la zona.
Cenamos fuera en el jardín gracias a la agradable temperatura nocturna.
Fueron muy atentos en todo momento y nos dieron un servicio de calidad.
No recuerdo exactamente los platos pero estaban muy buenos. En cuanto a comida le pondría 4 puntos sobre 5.

Al final un taxi nos devolvió hasta el hotel por unas 20.000 rupias, lo mismo que el becak del viejecillo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s