Singapur

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Adios Indonesia

Un conductor concertado con la recepción del hotel nos llevó hasta el nuevo aeropuerto de Lombok por 275.000 rupias (17€). Creo que era un poco caro, pero por no ir a negociar fuera del hotel pagamos de más por la tranquilidad.

El viaje lleva algo más de una hora y pasa por las afueras de Mataram, capital de Lombok. Esta ciudad se ve muy poblada y con el mismo barullo que habíamos dejado atrás en Kuta por lo que parece poco atractiva. Al llegar al aeropuerto el taxista usó el viejo truco de “no tengo cambio” y finalmente se quedó con las 300.000 redondas (18€). Hasta los mismísimos…

Cogimos un vuelo directo a Singapur con Silk Air, la filial de Singapore Airlines por 150€ que tardó 2 horas y media. Había alguna combinación vía Jakarta más barata pero no merecía la pena la paliza adicional.

Esta aerolínea corresponde a su fama y nos trataron muy bien incluso con comida incluída en el trayecto. Como anécdota, nos “saltaron” el turno cuando ponían la comida y allí nos quedamos con cara de lelos como Carpanta. Llamamos a la azafata y enseguida nos trajeron la comida con infinidad de disculpas.

Singapur

Llegamos al grande y moderno aeropuerto de la ciudad-isla-estado de Singapur. Pasamos rápidamente el control de pasaportes para hallarnos en un inmenso centro comercial. Buscamos infructuosamente algún sitio para cambiar los ringgit malayos que aun nos quedaban y tras patearnos media terminal descubrimos un sitio donde nos dieron unos 37 dólares singapurenses.

Con parte de ellos pagamos el billete del metro que conecta el aeropuerto con toda la ciudad. El precio billete depende del trayecto y en este caso eran unos 2,8 dólares (1,8€). La primera parte del trayecto transcurre sobre superficie y permite tener una primera visión de Singapur. Muchos edificios residenciales y se nota a simple vista mucho mayor nivel de vida que en Indonesia. No en vano Singapur tiene una de las rentas per cápita más altas del mundo.

El hotel

La primera impresión al salir del metro fue la de calor asfixiante. Era mediodía y debía de hacer cerca de 40º con una alta humedad. Se hacía difícil estar en la calle, pero había que seguir caminando los 10 minutos que separaban la parada del metro del hotel.

En Singapur los precios de los hoteles son muy altos. Es difícil encontrar algo por menos de 120€ y relativamente céntrico.

Nuestro hotel era el Frangance Hotel Riverside, muy céntrico y con una pequeña piscina en la azotea (81€). La habitación era bastante moderna aunque… minúscula. Apenas había espacio a los lados de la cama para pasar. No lo recomendaría para estar varios días, pero para una o dos noches estaba muy bien en relación al precio.

Lo mejor la ubicación ya que se puede llegar caminando fácilmente a Marina Bay, a Chinatown o a Clarks Quay. Además hay 3 paradas de metro a menos de 10 minutos caminando.

Marina Bay

Tras refrescar un rato debajo del aire acondicionado salimos a conocer la ciudad. Cruzamos el río hacia la zona colonial donde están el parlamento y los edificios más antiguos de la ciudad, que datan de 1830 aproximadamente. Están impecablemente cuidados y restaurados en pintura blanca, y es que por esas fechas se celebraba el 60 aniversario de la independencia y la ciudad estaba de punta en blanco.

Siguiendo por la orilla del río cruzamos bajo un puente y llegamos a uno de los iconos de Singapur que es un león que representa la ciudad. En realidad la estatua no es grande pero lo mejor es el marco en el que está situada: la bahía de Singapur rodeada de grandes rascacielos y al fondo el impresionante hotel Marina Bay Sands.

Seguimos caminando por la orilla de la bahía en dirección a este hotel, pasando por una explanada por donde pasa el circuito de Fórmula 1 antes de cruzar por un curioso puente helicoidal que representa el ADN humano. Aprovechamos el camino para sacar un montón de fotos de toda la bahía.

Marina Bay Sands

El complejo del hotel Marina Bay Sands es impresionante. Sus 3 torres sustentan una plataforma con una piscina infinita con vistas a la bahía. Pero no solo eso, en sus bajos hay un enorme centro comercial con un montón de restaurantes de todos los gustos y categorías y un también enorme casino. Hay que decir que el alojamiento es caro pero no especialmente caro si lo comparamos con los precios en otros hoteles más “normales”. En estas fechas una habitación costaba unos 250€.

La piscina solo es accesible para los que se alojan en el hotel. No obstante se puede subir a un mirador que hay en el penúltimo piso (S$25 aprox. 16€). Pero es mejor aun subir al bar del último piso (entrada gratuita) y disfrutar de las vistas mientras se toma un cóctel (S$24). ¡¡Chollazo!! Hay que comentar que al lado hay un bar mirador más exclusivo al que solo se permite acceder con vestimenta de etiqueta.

Arriba las vistas son impresionantes y se puede ver todos los rascacielos de la bahía. Más impresionante aún si coincide al atardecer viendo encenderse todas las luces de la ciudad. Ojo, a las 8 echan del bar a todos los que no vayan de correcta etiqueta.

Curiosamente desde este bar se puede cotillear la piscina de la azotea que estaba más llena que la playa de Benidorm en pleno agosto. Me alegré de no haber pagado por alojarme allí ya que la piscina será todo lo espectacular que quieran, pero de exclusiva no tiene nada.

Bajamos del cielo de Singapur para ver un espectáculo de fuentes de agua que tiene lugar justo delante del Marina Bay todos los días a las 8 de la tarde. No nos pareció muy atractivo así que puede ser una visita prescindible.

Rodeando Marina Bay

Seguimos caminando rodeando Marina Bay. Es un bonito paseo con zonas de sombra para el asfixiante calor del mediodía. Debajo de estas sombras al atardecer se juntan grupos de gente para hacer yoga, aerobic y otras actividades. Aun siendo el atardecer aun hacía mucho calor ¡¡vaya ganas!!

Tomamos un par de cócteles en una terraza de un restaurante italiano al pie de la bahía. Como ya decía, Singapur es caro y nos cobraron S$35 (24€) por ambos.

Justo enfrente del Marina Bay Sands se encuentra el hotel Fullerton, uno de los más lujosos de Singapur. El edificio de la época colonial es muy señorial. Como curiosidad hay un paso subterráneo bajo la avenida que te mete directamente en el hotel pudiendo visitar alguno de los salones de recepción. Aunque me temo que camisetas y chanclas no es el atuendo más apropiado a tan regio hotel 🙂

Los quays

A lo largo del río que desemboca en la bahía han recuperado los antiguos almacenes de los muelles que ahora funcionan como bares y restaurantes. Allí se junta mucha gente tras el trabajo convirtiendo los Quays en zonas muy animadas.

Hay restaurantes de todo tipo, muchos de ellos ofrecen marisco a granel con una pinta muy poco atractiva. Finalmente cenamos en un hindú llamado Maharajah que estuvo bastante correcto sin ser tampoco para recordar (S$96 aprox. 62€).

Chinatown

Al día siguiente fuimos a pie desde el hotel hasta la famosa Chinatown. Es un barrio con unas cuantas calles que son todas ellas mercadillo de todo tipo de ropa, cacharros y souvenirs.

Como lugar visitable hay una enorme pagoda budista, el Templo de la Reliquia del Diente de Buda. El interior tiene varias plantas. En la inferior había un constante canto budista que resonaba por todo el edificio. Las diversas plantas eran todas muy lujosas con numerosas decoraciones de oro.

Para financiarse parece que esta iglesia vive de donaciones y de vender mausoleos a las familias. A mayor tamaño, más caros. En las paredes estaban expuestos los precios sin ningún pudor, y los más grandes costaban más de S$30.000 al año (unos 20.000€). Y había unos cuantos de ellos. Así normal que el oro luciese por doquier.

Volviendo a Chinatown cerca del templo hay un edificio que es un food market consistente en un montón de puestos de comida y unas mesas en el patio central de tal manera que cada uno compra la comida donde quiera y la gente se sienta toda junta. Este food market de Chinatown era quizá demasiado para locales y a priori no inspiraba confianza. En todo caso apetecía más estar en la calle.

Fuimos a la calle de comida de Chinatown. Allí había un montón de restaurantes con terraza y en medio de la calle un montón de puestos con mesas en plan food market. La comida lógicamente era china y según el puesto tenía pinta más o menos apetecible.

Comimos en uno al azar que nos dió buena pinta, el Hunan Cuisine. Al sentarnos nos dieron la carta con apenas el nombre del plato en inglés, así que nos guiamos por las fotos. Están especializados en la cocina de esta provincia china donde nació Mao Zedong, cuyas fotos decoran todo el local.

La comida nos sorprendió en cuanto a sabores, que eran los típioos de la comida china pero con un toque mucho más picante que nos gustó mucho. La cuenta venía en un ticket en perfecto chino y nos salió por S$76 (unos 50€).

Y ya sin apenas tiempo para más gastamos los últimos dólares en souvenirs y con gran pena fuimos al hotel a recoger las maletas para dirigirnos al aeropuerto.

Casi llorando por el fin del viaje nos subimos en el A380 de British Airways que nos llevaría a Londres, donde enlazamos hacia Madrid y finalmente a casa.

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Senggigi (Lombok)

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Hotelazo en Senggigi

Tras la odisea con los timadores del puerto de Bangsal llegamos al hotel. Habíamos reservado por hoteles.com el Kila Senggigi Beach, un hotel resort que ocupa todo un cabo de la playa de Senggigi.

Senggigi es la zona quizá más turística de Lombok, con varias playas muy grandes de fina arena y muchas palmeras. También hay muchos hoteles que salpican toda la orilla, aunque generalmente están bastante bien integrados con el entorno.

El hotel Kali Senggigi Beach (aprox. 50€) ocupa una península en la bahía de Senggigi. Es un resort con unos cuantos bungalows privados y varios edificios de habitaciones, todo perfectamente integrado en unos grandes jardines. Cerca de la playa tenía unos bungalows de planta baja entre palmeras y más hacia el interior unos edificios de habitaciones de dos alturas, también entre jardines de flores y palmeras. Por supuesto tiene su zona de playa que si bien no es del todo privada está limitado el acceso de los vendedores ambulantes por lo que no se hacen excesivamente pesados. Además hay una gran piscina aunque apenas la usamos ya que preferimos la playa. Un lugar idílico, aunque fuese evidentemente turista.

La playa está orientada hacia el atardecer lo que hace ideal tumbarse en las hamacas y aprovechar la happy hour desde las 5 para tomarse unos cócteles viendo como el sol se pone en el horizonte detrás del siempre presente monte Agung. Todo ello amenizado por un buen grupo musical que tocaba en directo grandes temas del pop.

Las habitaciones están correctamente cuidadas aunque la decoración es un tanto anticuada. Desafortunadamente nos tocó la habitación en el edificio más alejado de la playa, lo que nos hacía caminar casi 10 minutos hasta la arena.

Cenamos una noche en el hotel ya que hacían una barbacoa en la playa. El plato costaba 150.000 rupias (9€) y sorprendentemente no estaba “carbonizado” como en la mayoría de barbacoas que habíamos probado en otros sitios. Tanto las gambas como la carne estaba en su punto. Sin ser una cena excelente, estuvo bastante bien y lo mejor sin duda fue estar comiendo en la misma playa con una temperatura ideal acompañados por la orquesta que nos amenizó la velada a nosotros… y a un grupo de chinos para los que tocaron un puñado de temas populares de su país que corearon alborozados. ¡De lo más curioso! 🙂

Hotel recomendado para una estancia de relax y disfrutar de una playa tropical.

El día de nuestra llegada nos obsequió con un maravilloso atardecer, incluso mejor que el que tuvimos en Gili, y eso es mucho decir. Además nos acompañó un grupo en directo que tocaba temas del pop y rock clásicos… ¡incluso tocaron el Sultans of Swing! Inolvidable.

Al día siguiente relax en la playa durante toooooodo el día. Tiempo inmejorable y una magnífica playa de aguas cristalinas en la que nos bañamos incontables veces. Nos ofrecieron máscaras y equipo para hacer snorkel por la bahía pero estábamos en modo totalmente vago y nos conformamos con unos chapoteos cerca de la orilla.

Nos arreglamos y salimos del hotel para ver los alrededores. En la carretera principal hay unas cuantas tiendas y hostales de mochileros. Cerca está el Senggigi Art Market que es un mercadillo con muchos puestos donde se vende todo tipo de artesanía y ropa a precios baratos aunque para conseguirlos hay que regatear mucho. No está mal el lugar aunque tampoco vimos nada distinto a otros mercadillos de Indonesia.

Siguiendo por la playa de Senggigi paramos a tomar un cóctel en un bar al lado de la playa antes de ir al restaurante elegido para cenar que era el Lotus Bayview. Estábamos casi solos en el restaurante, la cena estuvo bastante bien. No había mucho más que hacer por los alrededores así que dimos un paseo de vuelta por la playa hasta el hotel.

El siguiente día era nuestro último día completo en Indonesia así que decidimos dedicarnos nuevamente al relax y pasar el día en la playa.

Cenamos en el restaurante de playa del hotel Sheraton, decorado con mucho gusto con unos faroles que hacían un ambiente muy romántico y un grupo musical que acompañó perfectamente la cena y que incluso nos hizo un guiño al cantar en casi perfecto español una canción de Maná 😛

Lo mejor de la noche fue cuando de repente salió del mar una tortuga que fue adentrándose en la playa y cuando vió un sitio que le gustaba empezó a excavar con las patas para poner sus huevos. ¡Alucinante! Una ocasión muy especial e inesperada de contemplar este espectáculo. Por supuesto casi todos los comensales dejamos nuestros platos y fuimos a ver a la tortuga.

Al final la cuenta salió por unos 300.000 rupias (18 €). El espectáculo de la tortuga fue un inesperado plus.

Los timadores de Lombok

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En barco de Gili a Lombok

Hay un corto viaje de unos 30 minutos en barco desde Gili Trawangan hasta el puerto de Bengsal, al norte de Lombok. Hay muchas agencias en Gili que te venden el ticket combinado de barco más transporte al hotel elegido por entre 75 y 100.000 rupias (4-6€). El transporte va en barco público, cuyo billete por separado cuesta tan solo 15.000 rupias. Este billete se puede comprar en el embarcadero público situado en la playa, aunque no incluye el transfer desde Bengsal a tu destino en Lombok. Ojo, el embarcadero no está donde los pantalanes -de hecho no hay pantalán- sino algo más al norte.

La hora de partida eran las 3 de la tarde aunque como teníamos que cruzar la isla en cidomo y luego buscar el embarcadero salimos con mucho tiempo así que a las 12:30 estábamos allí. Esto nos permitió finalmente coger el barco de la 1.

El barco tenía salvavidas suficientes y salió en cuanto todos los asientos estuvieron ocupados por lo que no había sobrecarga. Con las frecuentes noticias de naufragios en estos mares siempre hay que tener un ojo extra sobre la seguridad aunque este día el mar estaba muy tranquilo y el barco parecía suficientemente bueno.

Los serviciales maleteros

La odisea comenzó al llegar a Bengsal. Un barullo humano nos recibió. Entre la confusión un hábil señor (digo señor porque parecía bastante mayor) se subió al barco de dos brincos y nos cogió las maletas y se las pasó rápidamente a unos porteadores que había esperando en el agua. No hubo tiempo ni a pestañear. Los porteadores se escaparon por la playa y los seguí lo más rápido que pude. Al final tuve que soltar 5.000 rupias a uno y otras tantas a otro por el “servicio”. Un tercero también reclamaba pasta, así que cogí las maletas que habían dejado sueltas los primeros, le dije “enough” y salí corriendo de allí. Afortunadamente ya nos dejaron en paz.

Los listillos del transporte

Mientras tanto la señora Pululante estaba buscando quien se hiciera cargo de los vales del transfer para el transporte desde este barullero puerto al hotel. Finalmente encontró a unos que dijeron que ellos se encargaban de llevarnos en autobús o furgoneta.

Nos llevaron a su “sede” que era una oficinilla al lado de un bar. Allí nos empezó a contar que habíamos llegado temprano (eran casi las 3 de la tarde), que no salían hasta las 4 que llegaban los otros pasajeros. Eso sí, se ofreció a llevarnos inmediatamente por ¡¡sólo 400.000 rupias cada uno!! (unos 27€). Por supuesto nos negamos. A continuación quiso negociar el traslado al aeropuerto. Nos llevaba al hotel inmediatamente y nos vendía el transporte al aeropuerto por el módico precio de 450.000 rupias cada uno… ¡¡un chollazo!! También nos negamos así que tras varias discusiones y regateos nos dijo que si no queríamos pues que esperásemos.

Mientras esperábamos en el bar (donde no consumimos nada, cabreados como estábamos con este jeta) volvió un par de veces rebajando el precio… 250.000 por cabeza, 200.000 en total… como ya quedaba poco para la hora acordada pues también rechazamos.

Llegó el siguiente barco al puerto, pero allí no aparecieron más clientes así que ya nos temimos un nuevo lío con el transporte. Efectivamente nos dijo que llevarnos a nosotros solos no le salía a cuenta y que tendría que esperar al siguiente barco. Le dijimos que de ninguna manera, que ese no era nuestro problema y que se comprometió a llevarnos a esa hora. Habíamos esperado y queríamos nuestro transporte. Al final intentó sacar 50.000 rupias por el transporte pero tampoco aceptamos. Finalmente se dió por vencido y envió a alguien a llevarnos. ¡¡Victoria!!

Y lo mejor, salimos de aquel agujero donde desde luego no tendríamos ninguna protección en caso de timo u otro tipo de lío.

Este taxista también nos intentó vender excursiones por la isla. Mostré interés para que pensara que nos interesaba y evitar alguna otra jugarreta, pero por supuesto no les llamamos.

Reducto de paz en el hotel

Y al fin llegamos al hotel sobre las 4 y pico de la tarde. Habíamos leído varias historias de timos en Lombok, que te hacen una encerrona hasta que aflojas la pasta. También habíamos leído multitud de opiniones positivas destacando que era una isla aun poco explotada turísticamente.

De todas formas la experiencia de esta travesía, que se suponía breve pero finalmente duró casi todo el día, nos cansó muchísimo y nos dió muchísima pereza tan solo pensar en reanudar estas peleas al día siguiente.

Afortunadamente llegamos a tiempo de ver un maravilloso atardecer desde la playa del hotel ¡y con happy hour! Así que visto que nos gustó mucho el hotel (ver el siguiente capítulo) decidimos quedarnos allí a descansar.

Las Gili

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Llegada a Gili Trawangan
Como decíamos el barco desde Bali nos dejó en la playa. En las islas Gili está prohibido el tráfico tanto de coches como de motos, por lo que los únicos medios de transporte son la bicicleta y unos carros tirados por caballos llamdos cidomo.

Gili Trawangan (o Gili T como dicen allí) es la más grande de las tres islas Gili. Aun así tan solo mide unos 4 km de largo y 3 km de ancho, lo que la hace muy fácil de recorrer en bicicleta.

El “puerto” está situado en la costa este y el hotel elegido en la costa oeste lo que nos obligaba a buscar un cidomo para llevarnos a nosotros y nuestro equipaje. Nada más salir del barco había uno esperando que nos pidió 75.000 rupias (unos 4,5€) por ir. No quiso regatear y como era el primero al que preguntábamos decidimos buscar otro caminando por el pueblo. Los dos siguientes que encontramos disponibles nos pidieron 100.000. Llegados a un cruce, no veíamos ningún cidomo y salió una chica del hotel Villa Bela a ofrecernos alojamiento. Le preguntamos por el transporte y nos dijo que lo normal es llamarlos, y amablemente se ofreció a hacerlo ella misma. Al cabo de unos minutos vino un señor con un cidomo y nos llevó al hotel por 100.000 rupias, que luego veríamos que sería el precio estándar por ese trayecto.

El cidomo es un carro estrecho en el que apenas caben 3-4 personas o en nuestro caso 2 con equipajes. La mayoría de caminos de la isla son superbacheados así que nuestras nalgas sufrieron cada uno de los viajes que hicimos en el carro.

Por fin el hotel

Optamos por el hotel Ombak Sunset por su situación en la costa oeste de Gili Trawangan. El hotel en sí es un resort que ocupa bastante superficie con una gran piscina, bungalows individuales y algún edificio de habitaciones que se integran bastante bien en el entorno. Además tiene una zona de playa con muchas tumbonas y bar y restaurante en la misma arena.

Las habitaciones se les ve un pelín envejecidas y algo desangeladas ya que a pesar de ser muy amplias no tienen ninguna decoración en forma de cuadros o zona de estar, pero están limpias así como el baño. Al estar rodeado de selva no es infrecuente ver algunos bichos por el pasillo. En la habitación dispones de un fumigador perfumado que evitará que entren los mosquitos.

La piscina es muy grande con bastantes tumbonas y le da el sol todo el día hasta el atardecer. Hay un servicio de toallas que puedes usar tanto para la piscina como la playa.

Lo mejor aquí son los atardeceres, ya que al estar en la costa oeste el sol se pone por este lado sobre el mar y con el telón de fondo incomparable del monte Agung de Bali. Disfrutamos todos los días de los atardeceres en alguna de las tumbonas de la playa y acompañados de unos cócteles, ya que precisamente hacen happy hour desde antes del atardecer con un 2×1 en cervezas y cócteles. Hay que decir que al atardecer se concentran en la costa oeste (la sunset coast) gente de toda la isla.

En el propio hotel hay un servicio de alquiler de bicicletas (75.000 rupias al día). Las bicis son muy nuevas y no nos dieron ningún problema.

Cenamos y comimos varias veces en el restaurante. Tienen varios platos indonesios que estaban muy buenos y bien preparados. A destacar unas gambas en salsa picante (no recuerdo el nombre indonesio) fresquísimas y para chuparse los dedos aunque ¡cuidado con el picante!

Maravillosos desayunos

Dado que en el hotel no nos entraba el desayuno con la habitación aprovechamos para coger la bicicleta y explorar los lugares cercanos.

Desayunamos varios días en el Gili Eco Resort. Tiene un trozo de playa casi virgen con arena muy blanca, unos pocos árboles que dan algo de sombra y un par de gazebos donde nos ponían el abundante y muy rico desayuno (entre 50 y 60.000 rupias) con huevos, tostadas, fruta fresca, zumo de fruta, cafés… genial.

Posteriormente nos quedamos tumbados en alguna de las hamacas bañándonos y contemplando el paradisíaco paisaje.

A destacar la amabilidad del personal en especial del siempre sonriente encargado, que parecía encantado de que volviésemos a diario.

Otro sitio donde fuimos a desayunar un día es el Gili Teak. Un lugar también idílico alejado del modelo de resort y en el que nos pusieron el desayuno (60-65.000 rupias) en la misma playa. Nos pareció un lugar encantador incluso para alojarse.

¡Peces de colores!

Tratándose de una isla no cabe duda de que las actividades estrella son las relacionadas con el agua. Y por encima de todo el snorkel y el buceo ya que las islas se asientan sobre arrecifes coralinos lo cual atrae una innumerable cantidad de peces tropicales.

El primer día de estancia en Gili nos apuntamos a una excursión de snorkel (100.000 rupias incluyendo equipo). La excursión es un barco que parte desde la playa en el bar Sama-Sama y que te lleva a 4 puntos situados alrededor de las 3 islas.

Qué decir del snorkel en las Gili. Fantástico. A la magnífica temperatura del agua se une que son absolutamente cristalinas y que hay mucho coral a muy poca profundidad, con lo cual es muy fácil observar su colorido y disfrutar con los bancos de peces tropicales amarillos, azules, verdes que pueblan las aguas.

Al mediodía paramos a comer en la isla de Gili Air, por supuesto nos dejaron en un puesto que tenían acordado previamente aunque te podías ir a otro sin problema. Aprovechamos para recorrer un poco el pueblo, que nos dió la misma impresión que el de Gili T pero más pequeño.

El último snorkel de la jornada fue entre Gili Meno y Gili T y era recorrer la barrera de coral que las separa y también ver un hundimiento que hay allí aunque al final resultó que no era un barco sino un muelle artificial que por algún motivo tuvieron que desechar y acabó allí en el fondo. Alredeor del mismo crecen lentamente los corales y los peces también se encuentran a sus anchas, aunque finalmente este fue el sitio que menos nos gustó de todos.

En definitiva una excursión que mereció muchísimo la pena y que no hay que dejar de hacer.

Más peces de colores… ¡y tortugas!

Habiendo tantos arrecifes de coral y peces que ver es lógico que las Gili sean un paraíso para el buceo y que haya unos cuantos centros dedicados a ello. Aprovechando que ya tenemos el titulo PADI nos animamos a la experiencia.

Contratamos con la empresa Lutwala, situada en la parte noroeste de Gili T y de la que habíamos visto buenas críticas. Cada inmersión cuesta 500.000 rupias más unas tasas gubernamentales para conservar el parque natural. Al final nos salió por unos 37€ cada inmersión. Suelen hacer inmersiones diariamente a las 9, 11:30 y 14:30.

El primer día fuimos al conocido como Turtle Point, entre Gili T y Gili Meno. Tuvimos la suerte de contar con Ramón como instructor. Es un chico de Barcelona que lleva unos meses trabajando aquí. Fue muy paciente con nosotros y nos ayudó mucho lo que agradecimos ya que hacía un par de años que habíamos hecho el curso y por lo tanto teníamos que refrescar algunos conocimientos.

El Turtle Point es un sitio magnífico de buceo. Infinidad de corales de colores y formas, con multitud de peces nadando entre ellos. No podría describir con justicia la belleza de aquél lugar. Y, de vez en cuando, haciendo honor al nombre del sitio ¡una tortuga! moviéndose de forma majestuosa en el agua.

Estuvimos tres cuartos de hora largos, y tras superar los nervios iniciales disfrutamos cada rincón que vimos.

Volvimos otro día y en esta ocasión nos llevaron a otro lugar llamado Halek. No nos tocó con Ramón de instructor sino con unos chicos australianos a los que entendíamos con dificultad y que no estuvieron tan pendientes.
El sitio era bastante más difícil al menos para nuestro nivel de experiencia. Es una pared coralina pero el problema es que había una fuerte corriente que te lleva en paralelo a la pared. En principio basta dejarse llevar, pero al ser la primera vez que experimentábamos eso tardamos en acostumbrarnos.

En esta zona buena parte del coral está destruido por la pesca con dinamita que se practicaba aquí hace años. Una pena, ya que muerto el coral apenas se ve ningún pez. Si bien la parte inicial era muy interesante, luego tan solo algunos lugares sueltos lograron nuestra admiración. En conjunto nos gustó muchísimo más el Turtle Point.

Dolce far niente

Y el resto del tiempo lo dedicamos a disfrutar de las maravillosas playas, de los atardeceres, de los cócteles en la happy hour y en 3 ocasiones nos acercamos por la tarde-noche hasta el pueblo en la costa este también para tomar algo y cenar.

Un día pasamos en bicicleta por delante del Scallywags y nos gustó su concepto “supermercado” donde una vez tienes mesa puedes ir a la parte de “pescadería” y elegir tu pescado o marisco que te hacen allí mismo a la brasa. Por la noche fuimos a cenar.

Tras esperar unos minutos en la barra nos dieron una mesa al lado del mar. Además la decoración aporta un cierto toque romántico y elegante. No cabía mejor lugar.

Pedimos un entrante que eran calamares rebozados. Estaban bien y lo mejor fue la salsa tipo alioli que los acompañaba. De principal pedimos una langosta a la brasa para compartir. El problema es que vino demasiado braseada, en algunas partes incluso chamuscada. Por lo que vimos es habitual tanto aquí como en otros sitios pasar las cosas mucho por la brasa. En todos los sitios utilizan una madera para la parrilla que aporta un intenso aroma a ahumado, que generalmente no nos gustó. No obstante la langosta era fresquísima y de allí no quedó ni la muestra.

Con una botella de vino blanco la cuenta salió por algo más de 1.100.000 rupias (65€), lo que no es especialmente barato pero considerando que se comió langosta fresca y además con vino (muy caro en toda Indonesia) nos parece razonable.

Está en la parte sureste de la isla junto a otros restaurantes y hoteles de calidad en Gili Trawangan. Al contrario en la zona noreste los bares tienden más a chiringuito playero de ambiente reggae, y allí incluso te ofrecen unas “mushroom” unas setas alucinógenas que están de moda.

El Kokomo está en la parte sur de Gili Trawangan y nada más llegar se nota el trato de exquisita elegancia por parte del personal, incluso yendo en camiseta y chanclas y llegando a la entrada en bicicleta. ¡¡El camarero incluso nos aparcó las bicis él mismo!!

Las mesas tienen todas velas, unas lámparas muy chulas y de luz ténue y una música tranquila que lo hacen un sitio muy romántico junto al mar.

Nos gustó mucho la comida así que finalmente cenamos allí un par de noches. Algunos platos de los que probamos:
– Atún al estilo de Tahití. Buen atún, se notaba fresco, hecho en su punto justo (ni pasado ni crudo). 🌟🌟🌟🌟
– Cola de langosta. Otro intento para valorar el marisco local, aunque acostumbrados al del norte de España, este no está tan bueno. 🌟🌟🌟🌟
– Sashimi. Buenísimos tanto el atún como sobre todo el salmón. El wasabi era auténtico (no la pasta que suelen servir) y estaba muy picante a poco que te excedieras en la cantidad… ¡cuidado! 🌟🌟🌟🌟⭐
– Muscovy duck. Pato con una salsa dulce bastante rica. El plato era muy abundante. 🌟🌟🌟🌟
– Gambones y vieiras. Las gambas muy frescas. En general están mucho mejor en Indonesia las gambas que la langosta. 🌟🌟🌟🌟

La cuenta con unas copas de vino en torno a 900.000 rupias (50-55€) en cada ocasión. Teniendo en cuenta tanto la localización como la comida como la atención recibida nos pareció que Kokomo bien merece una visita. Recomendado.

Finalmente nos encontramos tan a gusto en esta isla que alargamos nuestra estancia a 5 noches. Esto sí es lo que nos esperábamos encontrar el venir a Bali.

¿A qué Gili ir?
Leyendo las guías e internet hay una serie de opiniones comunes sobre las 3 islas Gili: son preciosas, Gili Trawangan es muy fiestera, Gili Meno es muy tranquila y Gili Air es un intermedio.
Como queríamos evitar una nueva Kuta teníamos cierta prevención a ir a Gili T. No obstante mirando varias opiniones y la situación de hoteles y restaurantes en el mapa de la isla, decidimos alojarnos en un hotel en la costa oeste de la isla. Al parecer todo el meollo de la fiesta se concentraba en la costa este.

En cuanto a Gili Air, apenas pusimos el pie en tierra aunque nos dió una impresión similar a Gili T: una zona donde se concentran casi todos los bares, hostels y chiringuitos, y el resto de la isla más tranquila. En el caso de Gili Air probablemente la zona de marcha sea bastante más pequeña, resultando en una isla más tranquila.

Nuestra recomendación sería ir a Gili T pero alojarse en cualquiera de los hoteles o bungalows que se encuentran en la poco poblada y tranquila costa oeste de Gili T. Mucha tranquilidad, playas casi vírgenes y puedes acceder a bares y restaurantes si te apetece.

Hacia las Gili

Odisea para los billetes

Con el buen sabor de boca que nos había dejado Nusa Lembongan nos dirigimos a las islas Gili. Estas son 3 islas pequeñas que están al lado de Lombok, isla contigua a Bali y a las que se puede llegar “fácilmente” en barco rápido.

Todo parecía bastante sencillo para ir de un sitio al otro. El barco rápido partía de Padang Bai, un puerto en la zona este de Bali que en el mapa no estaba muy lejano. Además vimos que había uno de los barcos rápidos que partía a la 1 de la tarde, lo que en teoría nos permitiría disfrutar la mañana. Recordemos que aquí amanece muy temprano, hacia las 6, y hacia las 8 ya hace calor suficiente para ir a la piscina o incluso playa.

La noche anterior estuvimos mirando por las agencias callejeras que encontramos, y ofrecían el precio de folleto de 660.000 rupias (40€) por trayecto incluyendo desplazamiento desde el hotel en Bali a Padang Bai. En algún caso bajaron a 550.000 pero no más. A la mañana siguiente preguntamos en el hotel y con un par de llamadas nos dijeron 500.000 por billete. Buena sorpresa. Luego nos volvieron a llamar y nos dijeron que el desplazamiento iba ya lleno y que la compañía no lo podía organizar, así que el hotel ofreció su coche por 200.000 rupias los dos. Como íbamos muy justos de tiempo y queríamos ir ese mismo día aceptamos aunque nos olía a trampa ya que tendrían que haber rebajado el billete.

A continuación nos dieron la otra mala noticia: que a las 10 de la mañana tendríamos que marchar, ya que se tardan 2 horas en ir a Padang Bai… entonces vayamos a las 11… no, porque hay que recoger los billetes y bla bla bla. En fin que ya se nos habían chafado los planes del día. Para eso hubiese sido mejor madrugar y coger el barco de las 8 o las 9 de la mañana.

El taxi tardó en atravesar el denso tráfico de Denpasar y luego iba por la carretera de la costa, en la que se veía algo más de naturaleza pero aun muchas casas (casi se podría decir chabolas), tiendas chiringuito destartaladas y los omnipresentes templos. Y una nueva presencia: el monte Agung, el volcán (extinto) más alto de Bali que domina toda la isla, aunque no se vea desde Kuta ni Seminyak.

Llegado un momento del viaje el coche se paró en un lugar en el que no había nada excepto un edificio de planta baja con varios locales de los cuales solo estaba ocupado una agencia que vendía los billetes que íbamos a utilizar. El taxista estuvo comentando algo con la empleada y a continuación a esperar. Esperar, esperar y esperar. Preguntábamos de vez en cuando pero solo decían que los billetes estaban “en camino”… ¿¿¿en camino???

Al cabo de casi tres cuartos de hora sin que aparentemente ocurriese ninguna novedad ya por fin pudimos pagar. Nos ofreció la vuelta con desplazamiento al hotel al mismo precio (500.000 rupias). Nos pareció buen precio y encajaba en nuestros planes así que aceptamos. Días después veríamos que había sido una mala idea.

No tenían para pago con tarjeta, así que tuvimos que rascar las rupias que teníamos y aun asi el chófer nos dejó 200.000 que nos faltaban y que le devolvimos en cuanto llegamos a Padang Bai y pudimos sacar del cajero. Lo que obtuvimos fueron unos vales que tendríamos que cambiar por los billetes finales en Padang Bai. Pero ¿no era esta la oficina oficial de la naviera? Pues no, era una agencia de amiguetes del hotel que por supuesto se llevaría su comisión así como los del hotel, faltaría más.

Unos 20 minutos de coche después llegamos a Padang Bai. Allí nuevamente el caos. Afortunadamente en este caso el taxista se ocupó de ir a 3 o 4 sitios hasta que nos dieron los billetes y nos dejó en el embarcadero, pero estuvimos más de 30 minutos dando vueltas.

Aunque las distancias sean aparentemente pequeñas y las gestiones sean aparentemente sencillas, todo lleva muchísimo tiempo aquí así que, aunque ya prevees tardar más que en España, hay que preveer muchísimo más tiempo para todo.

Por fin en el barco

El embarcadero también es bastante caótico. En un estrecho muelle se concentra la llegada y salida de varios barcos y se afanan empleados de los barcos, pasajeros que llegan y se van, unos cuantos puestos ofreciendo de todo instalados en el suelo y otros cuantos vendedores moviéndose entre los pasajeros.

Tuvimos que esperar otra media hora más bajo el sofocante calor del medio día, así que para cuando estuvo todo listo para zarpar eran casi las 2 de la tarde frente a la hora prevista de la 1.

El viaje en sí fue como la seda. Tomamos un barco de la empresa Marina Srikandi, de las que mejores comentarios tenían por internet. En cuanto al tema seguridad tenían chalecos y botes salvavidas y parecían correctamente equipados. Habíamos leído también muchas historias sobre los transportes en barco locales, aunque al parecer estos son mucho más lentos. Los ferris rápidos suelen estar bien equipados en seguridad, no sobrecargaron el barco con pasajeros y por supuesto son mucho más caros. Allí en el puerto había varias compañías que hacen el trayecto desde Bali a Gili y/o Lombok.

El viaje en sí mismo fue algo menos de una hora y nos dejó en la playa de Gili Trawangan, ya que apenas hay un muelle en esta isla y por algún motivo que desconozco no lo usaron.